miércoles, 07 de enero de 2009 Buscar

Reportajes y Entrevistas

Las mejores aficiones del mundo

16/07/2007

Jordi RIEROLA

Las mejores aficiones del mundo

Porque sí, porque cuando toca madrugar, madrugamos, si tenemos que andar, andamos, y si no hay tiempo para comer, pues no comemos. Porque somos capaces de hacer todo esto y mucho más para disfrutar de nuestra gran pasión, los rallyes.

A buen seguro que si preguntamos a cada uno de los aficionados a los rallyes cuándo y por qué empezaron a interesarse por este deporte habría un sinfín de respuestas diferentes. Pero, curiosamente, la magia que nos cautivó en un momento u otro de nuestras vidas, de pequeños o recién cumplidos los 18, qué más da, hizo que a partir de entonces todo empezara a girar alrededor de nuestra gran afición.

Reportajes o programas de televisión dedicados al mundo del motor, prensa escrita especializada y más recientemente Internet nos acercan día a día los rallyes a nuestras casas, pero lo que realmente nos gusta es vivir a pie de cuneta todas esas sensaciones que de ninguna otra forma podemos sentir. Así pues, no es de extrañar que hagamos todo lo que está en nuestras manos, y mucho más, para presenciar un rallye tras otro, bien sea a nivel regional, nacional o internacional.

Objetivo: el Mundial
Como les sucede a todos los pilotos, los aficionados también aspiramos a dar algún día el salto al Mundial. Animar a los nuestros, conocer esas pruebas carismáticas o ver cómo se viven los rallyes en otros países son las razones que nos empujan a programar, siempre que es posible, alguna que otra excursión. Nórdicos, especialmente finlandeses, y checos, muchos, pero que muchos checos, están presentes en cada uno de los rallyes que se disputan en Europa. Los estonios, que en su día también fueron legión, pasan ahora por desgracia más desapercibidos, y es que el hecho de tener a uno o más pilotos compitiendo al máximo nivel es motivo suficiente para intentar planificar las vacaciones en función del calendario mundialista. Pero éste no es precisamente el caso de rusos, holandeses, suizos, húngaros, rumanos y aficionados de otras nacionalidades, que, sin ningún representante en la especialidad, cruzan media Europa simplemente para disfrutar viendo en acción a aquellos pilotos con los que se sienten identificados.

Costumbres muy curiosas
Con un público de nacionalidades tan dispares, no es nada extraño descubrir en cada prueba costumbres realmente curiosas, a veces inimaginables. En los rallyes de invierno, a los aficionados mediterráneos nos resulta sorprendente ver cómo los nórdicos organizan verdaderas barbacoas a 20 bajo cero. Reuniones en las que chicos y chicas ingieren cantidades inimaginables de alcohol de alta graduación y, cómo no, también de salchichas, previamente ahumadas en la hoguera que han encendido después de cortar un árbol. En el resto de pruebas europeas, finlandeses, noruegos y suecos también están presentes, siempre con una botella en una mano y en la otra una bandera de su país. Mención aparte merece la entregada afición checa, que se desplaza a la mayoría de pruebas europeas del Mundial con sus respectivos vehículos, Skoda por supuesto, repletos de adhesivos que, por si no nos habíamos dado cuenta antes, dejan bien clara su nacionalidad. Así pues, no es nada extraño encontrarse a un coche checo en Portugal, y mucho menos en las especiales de Cerdeña.

Independientemente de la procedencia de cada uno, en un rallye siempre encontramos a los curiosos que no entienden muy bien lo que se está celebrando, al aficionado a quien parece no interesarle lo más mínimo este deporte, pero también al que presume de saber mucho de coches y que después de un par de comentarios rápidamente nos damos cuenta que no. Pero lo más anecdótico e inexplicable es que, en cada rallye, entre el público, siempre nos cruzamos con un conocido que, sin saberlo, también está ahí, de vacaciones y disfrutando del rallye como nosotros.

Pero, ¿cuál elegimos?
Como por desgracia no podemos asistir a todas las pruebas del Mundial, cada temporada nos vemos obligados a elegir aquellos rallyes que por fechas, proximidad o presupuesto se ajustan mejor a nuestras posibilidades. Sin duda, la opinión de amigos o compañeros de afición también juega un papel determinante a la hora de decantarnos por uno u otro, pero lo que está claro es que rallyes carismáticos como Suecia, Grecia, Finlandia, el Tour de Corse o el RAC Rallye son pruebas que a buen seguro tenemos en mente y a las que algún día a todos nos gustaría asistir. Otras citas como Montecarlo, Cerdeña, Alemania, Portugal y, por supuesto, nuestro querido Catalunya son rallyes que, dependiendo de nuestra situación geográfica, nos pueden quedar muy a mano. Todo lo contrario que aquellas que se disputan fuera de Europa, Nueva Zelanda, Argentina, Australia, México o Japón, destinos que, pese a estar en la otra punta del mundo, año tras año, la mayoría de nosotros suspiramos por poder conocer.

Un problema tras otro
Últimamente, parece que algunos organizadores están dispuestos a dificultar cada día más la llegada en masa de aficionados a los tramos, como si para ellos nuestra presencia no fuera un hecho a remarcar, sino más bien un grave problema. Las especiales se cierran al tráfico muy pronto, y en algún caso extremo se nos ha llegado a prohibir la entrada en el primer tramo del sábado mientras los pilotos aún estaban disputando el último de la jornada del viernes. Los accesos cada año están más restringidos, obligándonos a andar muchos kilómetros y a madrugar cada vez más, siempre con el riesgo de que en el último momento nos anulen el tramo. Pero, a veces, estos inevitables "paseos" que siempre realizamos cargados con todo lo necesario para disfrutar de un día de rallye se convierten en auténticas excursiones por el monte en las que debemos superar todo tipo de obstáculos. En pruebas como Suecia o Noruega este hecho es todavía más problemático, pues los que no estamos acostumbrados al intenso frío y a andar con nieve hasta las rodillas sufrimos de lo lindo.

Una vez nos han guiado hasta la zona de público como si de un rebaño se tratase, mejor que no se nos ocurra ir a nuestro aire y buscar una alternativa para presenciar con más tranquilidad las evoluciones de los participantes. Si decidimos hacerlo, en algunos rallyes, como en Suecia, vamos a ser perseguidos bosque a través por los comisarios, como si fuésemos fugitivos. En otras pruebas, como Alemania o Portugal, el simple hecho de cruzar la carretera puede llevarnos ante el policía de turno para dar las explicaciones pertinentes. Pero, por desgracia, no todo termina aquí, porque en el último momento las cosas suelen complicarse un poco más, cuando, perfectamente colocados en una zona de público y a pocos minutos para que tome la salida el primer coche, hace acto de presencia el "temido" helicóptero rojo de seguridad, que, sin más, y pese a ocupar en teoría una zona segura, perfectamente delimitada por la organización, decide que nuestra posición no es la más idónea y, literalmente, nos echa de ahí. Entonces, y con la cantidad de aficionados que nos reunimos en los puntos más emblemáticos de cada rallye, debemos buscar a contrarreloj una nueva ubicación que nos permita seguir las evoluciones de los pilotos sin perdernos el más mínimo detalle.

Espíritu de superación
Pese a todos los contratiempos habidos y por haber, los aficionados buscamos soluciones para intentar que éstos nos afecten lo menos posible y así poder seguir disfrutando de nuestra afición. Buscar accesos paralelos a los que nos ofrece la organización y que nos permitan llegar al punto deseado, pasar la noche en el tramo, bien sea acampados, dentro del coche o ya instalados en el sitio donde al día siguiente hemos decidido presenciar el rallye, encima de una piedra, sobre un muro o en un campo, son algunas de las soluciones que vamos adoptando sobre la marcha. Con el tiempo, la experiencia nos ha hecho acudir a los tramos cargados con cajones, escaleras o con un andamio, soluciones muy válidas para poder presenciar la prueba por encima de la multitud. Cuando la meteorología es adversa, aguantamos ahí sin movernos un centímetro de nuestra posición, no vaya a ser que nos quiten el sitio. Y es que los aficionados a los rallyes somos capaces de estar horas y horas de pie, si es necesario sin comer, porque lo que realmente nos ilusiona y nos motiva es ver llegar a gran velocidad a nuestra posición a cada uno de los participantes, fijarnos cómo superan uno tras otro ese tramo de carretera que conocemos bien, por el que hemos circulado alguna vez. Sin duda, momentos en los que uno se olvida de todo y sólo piensa en disfrutarlos, pero también en inmortalizarlos con cámaras de fotos o de vídeo.

Es por todos estos motivos que los aficionados seguimos, y seguiremos, acudiendo a todas las pruebas, porque, pese a lo que piensan algunos, los rallyes sin el público a pie de carretera pierden parte de su encanto.

 

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