miércoles, 07 de enero de 2009 Buscar

Reportajes y Entrevistas

Ford Escort RS

15/01/2008

Javier FIGUEIREDO

Ford Escort RS

Exceso de pasión e historia deportiva del automovilismo, sumado a una actitud no demasiado racional, explican lo sucedido en pocos meses, pues el vehículo que os mostramos pasó de estar en el más absoluto olvido en un garaje de Portugal a recuperar todo el esplendor del que gozó hace más de 25 años.

Si nos ponemos en situación, debemos retroceder a Portugal a principios de los años ’80, donde los rallyes son seguidos con pasión por los aficionados del país vecino, influenciados sin duda por las sinergias que acompañaban al Rallye de Portugal, O Melhor Rallye do Mundo, lo cual también tuvo parte de culpa. Fruto de ello, nacen nuevos equipos privados que, sin menospreciar a los que había en España, disponían de coches y medios superiores a los nuestros. De todos los que surgieron, el que mayor respeto y admiración se ganó entre la afición lusa fue, sin duda, el de la ya mítica Diabolique Motorsport.

Siempre con vehículos competitivos, primero vinculada a Porsche y luego a Ford, marca con la que consiguió éxitos notables, el mecenas de este grandísimo equipo era Miguel Oliveira, que además ocupaba el asiento de copiloto, acompañando entre 1978 y 1981 a José Avelino Gonçalves, Carlos Torres, Francisco Gil o el piloto español Rafael Cid. Ya desde finales de 1981, y hasta su desaparición en 1990, Oliveira fue el copiloto de Joaquim Santos, con el que conseguía tres Campeonatos de Portugal en el ‘82, ‘83 y ‘84, a los que se sumaba el subcampeonato del ‘85. Incluso Antonio Zanini, celebrando su recién conquistado Europeo de 1980, ganaba en el Algarve con uno de los Escort RS 1800 de la Diabolique con el citado Oliveira.

El equipo portugués tenía importantes medios económicos y materiales, utilizando coches como los Ford Escort RS 1800 preparados por David Sutton Cars Ltd, los cuales eran similares, por no decir los mismos, a los que llevaba Ford al Mundial de Rallyes. Pasada la época de los Escort, la Diabolique continuó su vinculación con Ford, primero con los RS 200 y luego con los Sierra Cosworth, logrando de nuevo tres subcampeonatos consecutivos en los años 1988, 1989 y 1990.

El BT-56-16
Hecha esta introducción, el coche que centra este reportaje es el de la conocida placa BT-56-16, ya que su historial es quizá el más interesante, sobre todo para los aficionados españoles por varios motivos, que van desde los pilotos que lo llevaron hasta las pruebas disputadas y los resultados obtenidos, así como el tiempo que permaneció en el equipo. Este Escort RS nació como Grupo 1 pilotado por el vigués Rafael Cid, con el que empezó a obtener buenos resultados, lo que animó a Miguel Oliveira para adquirir a David Sutton a mediados de los ’80 dos potentes Escort RS, uno de Grupo 2 y otro de Grupo 4, heredando el primero la matrícula BT-56-16. Dicha unidad consiguió el resultado más destacado en los 13 años de historia de la formación portuguesa: un séptimo puesto en el Rallye de Portugal de 1981, con Rafael Cid al volante.

Fue una gesta sin precedentes para un equipo privado, que en una prueba del Mundial se midió de tú a tú con los equipos oficiales, dándole además 4 puntos a Ford para el Mundial de Marcas, los cuales fueron muy valiosos, ya que los dos pilotos oficiales abandonaron por salida de carretera, aunque eso la marca nunca lo quiso agradecer. Con cinco participaciones en el Portugal, entre 1980 y 1985, el BT-56-16 disputó más de 40 pruebas, consiguiendo el subcampeonato portugués en 1982 con Rui Souto-Eduardo Cid, obteniendo también ese año la Diabolique el título nacional con Joaquim Santos-Miguel Oliveira en otro de sus coches, el IZ-98-28.

Precisamente, Santos debutó con este vehículo y el equipo Diabolique en el Rota do Sol de 1981, una prueba que comenzó liderada por Rafael Cid, hasta que una rotura de motor le dejaba fuera, cediendo la primera plaza a Joaquim Santos-Luis Alegría, que más tarde se salían de la carretera y abandonaban. Otra actuación destacada, con un séptimo puesto, fue la de José Avelino Gonçalves-Miguel Oliveira en el RACE de 1980, puntuable para el Europeo, citando también las victorias de Francisco Gil-Miguel Oliveira en los rallyes Estarreja y Baiao de 1981, llevándolo al año siguiente Rui Souto-Eduardo Cid. La de 1983 fue la temporada del cambio de colores, terminando la relación con el equipo en el Rallye del Algarve. Así, el rojo y el dorado daban paso al verde de Decorantigo, con el que el coche estuvo hasta 1986, año en el que abandonaba la competición, pasando a formar parte de la colección de Rui Souto, en la que se cuentan Rolls-Royce y Ferrari.

Histórica recuperación
En 1997, el vehículo cambiaba de manos, y el nuevo propietario lo conservó dos años hasta venderlo. Pero el Escort regresaba de modo eventual a su hábitat, disputando alguna subida y pruebas regionales, aunque su dueño lo arrinconaba en un garaje en 2001, perdiéndose la pista del coche hasta que, a mediados de 2007, el vigués Fran Alonso lo localizó de manera casual, reconociéndolo al instante debido a la historia y el palmarés que atesora. Por ello, avisa a su amigo Julio Álvarez, que lo rescata para intentar devolverlo a su estado original. Aquí comienza la segunda parte de la historia, en la que se trata de recuperar la trayectoria del BT-56-16 y de la Diabolique Motorsport con la importante ayuda de Rafael Cid. El Ford Escort RS llega a Galicia poco después, y lo primero que se hace es revisar la mecánica en Talleres Rantur. Asimismo, la ilusión por dejarlo como estaba en el Portugal de 1981 provoca que se empiece a recopilar toda la información posible, para que en los Talleres Marvic quede como en la época.

Una buena forma de celebrar el regreso de aquellos míticos colores al Escort RS era participar en el Rallye de Portugal Histórico, aventura que afrontaron Fran Alonso y Antonio Costas, a pesar de un problema de embrague que les retrasó muchos puestos. Huelga decir que entre los aficionados portugueses el BT-56-16 al estilo Diabolique provocó un auténtico delirio en las carreteras lusas, primero a través de innumerables muestras de apoyo y luego causando una admiración digna de ver, pues los más veteranos se quedaban impresionados con el resurgimiento de un vehículo del equipo que fue el orgullo y la pasión de un país entregado a los rallyes, algo quizá inimaginable en España.

Vuelta al pasado
Finalizado el Portugal Histórico, se iban a producir varios encuentros que ninguno de los reunidos podía imaginar. Rafael Cid volvía a ver el BT-56-16 para recordar tiempos pasados, aunque, como él mismo comentaba, "ya nunca volverán". Gracias al piloto de Vigo, se pudo recopilar una gran parte de la documentación necesaria para la rehabilitación del Escort RS. Cid recordaba que en aquellos años "el coche no era tan determinante como ahora para intentar conseguir un buen resultado, sino que influía más la buena organización del equipo, así como la preparación del piloto y el copiloto para afrontar las duras etapas de la época, siendo lo único exigible al vehículo la fiabilidad necesaria para llegar al final".

Pero lo mejor de ese momento estaba por llegar. Acompañado por su nuevo propietario, Rafael Cid conducía después de 25 años el Ford Escort RS que tantas satisfacciones le dio, explicando que "cuando competía con el coche, la configuración de la suspensión no era tan radical, ya que se buscaba un compromiso intermedio entre el asfalto y la tierra, al combinar los rallyes ambas superficies. De este modo, los vehículos iban más sueltos, permitiendo una mayor diversión al piloto, además de proporcionar grandes dosis de espectáculo a los aficionados". A medida que iba haciendo kilómetros, admitía que "el vehículo genera tal confianza que es posible rodar muy cerca del límite sin ser conscientes de ello, por lo que de forma inesperada te puedes llevar un buen susto sin tiempo para reaccionar. También es necesario prestar mucha atención a los retornos del volante, muy bruscos y que pueden costar una lesión en un brazo". Al respecto, Rafael Cid nos mostraba precisamente uno de los suyos, que se rompía en el Rallye Azores de 1980, dejándolo inactivo durante cinco meses, lo que le impedía aspirar a la victoria en el Ourense y el Rías Baixas, pero, aun así, a final de temporada pudo reincorporarse al equipo, consiguiendo una magnífica 19ª plaza en el duro RAC de Inglaterra.

 

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