Lo que no han conseguido carreteras de todo el mundo, tramos imposibles, saltos arriesgados y una tremenda efusividad al volante lo ha hecho un maldito helicóptero. Como una jornada más en su relativamente tranquila vida británica, Colin tomó su helicóptero para un pequeño desplazamiento junto a su hijo, Johnny, y un amigo suyo con su hijo, también pequeño. Los cuatro ocupantes del helicóptero perecieron al instante tras el accidnete, cuyas causas difícilmente serán esclarecidas. Se va por lo tanto uno de los hombres más rápidos y espectaculares del Mundial de Rallyes, ídolo de masas en su país y emblema de una interminable saga de videojuegos que encandilaron a jóvenes y mayores de todo el mundo.
Su pasión era el automovilismo, aunque quizá debamos decir todo aquello que se moviera. Le hemos visto echar “piquillas” en bicicleta de montaña con sus compañeros del Mundial, manejar de forma profesional aparatos como el tristemente célebre helicóptero y desenvolverse como nadie sobre cualquier superficie en un coche de rallyes o raids. Espectáculo en estado puro, lengua mordaz cuando la ocasión lo requería y, sobre todo, un tipo apasionado de su trabajo. No le hizo ascos al Dakar, precisamente el que era uno de sus próximos retos con BMW. Peugeot, Ford, Subaru, Citroën, Skoda, Nissan, BMW… La lista de marcas que han confiado en él es larga, como también su palmarés. Logró su primera victoria en Nueva Zelanda de 1993, su primer título en 1995 (ambas con Subaru). Y, como sabemos, incisivo al máximo. Alrededor de 20 de sus rallyes del Mundial terminaron en accidente. Le echaremos de menos. D.E.P.