De casta le viene al galgo, y de ahí le debió venir a Colin esa pasión por la competición que demostró desde muy pequeño. Su padre, Jimmy, al que en más de una ocasión pudimos ver correr en España, especialmente en Canarias, fue cinco veces campeón británico de rallyes y algo infl uyó en Colin para que, ya a los trece años, empezara a destacar en el motocross y unos años más tarde confi rmara su vocación cuando, con 16 años, vencía el Campeonato de Escocia de Slalom.
La primera vez que pude apreciar que Colin era muy diferente a los pilotos que por entonces intentaban abrirse un hueco fue en el Rallye RAC de Gran Bretaña en 1988. Colin tenía veinte años y unos meses, y ver cómo pilotaba su Peugeot 205 GTi era algo de locos, se tiraba a las curvas con decisión, parecía importarle poco si la iba a pasar o se quedaría en el intento; aquella cita no la terminó porque rompió el motor.
Por aquellos años sus participaciones en el Mundial digamos que se ceñían prácticamente al rallye británico, ya que en los años ‘89, ‘90 y ‘91 sólo tendría cinco actuaciones mundialistas, de las cuales dos se saldaron, y siempre en Inglaterra, con sendos accidentes en los que primero el Sierra Cosworth y después el Legacy que le dejaba Subaru, de la mano de Prodrive, tendrían cita en el chapista. No obstante, Colin ya dio de nuevo un toque de atención cuando sumaba sus primeros puntos en el RAC del ‘90, al terminar sexto.
Al inicio de esa década el proyecto Subaru de rallyes iba cuajando poco a poco, incrementándose la participación en 1992, año en el que Subaru cuenta también con los servicios de Ari Vatanen. Y es precisamente en Suecia, en el primer rallye que corre esa temporada, cuando Colin demuestra ya un nivel fuera de lo común, al terminar en el rallye sueco en segunda posición, un hecho que impactó en el ambiente rallístico de su país, ya que era el mejor resultado obtenido por un británico desde que en 1977 Roger Clark fuera también segundo en el Acrópolis. Esa temporada asombró también cuando en el RAC rallye fue el piloto que más tramos ganó.
Año tras año, Colin se fue haciendo su hueco en el Mundial. Así pues, en 1993 y tras otro podio en Suecia y un par de abandonos, Colin llegó con fuerza a Nueva Zelanda donde conseguiría su primera victoria. A esas alturas, Colin ya no era un proyecto de piloto, sabía que, aun no teniendo un coche top, podía ganar y luchar por el título mundial.
Año polémico
En 1994 apareció el Subaru Impreza y Prodrive montó un equipo que prometía. Es la temporada en la que Carlos Sainz, tras un desastroso ‘93, ve en Subaru una marca nueva, distinta, con buena tecnología, con la que de nuevo podría aspirar al que hubiera sido su tercer título.
En otro aspecto, ni que decir tiene que Colin empezó a ser la niña de los ojos de David Richard y de todo el equipo Subaru con base en Inglaterra. Pero ello en absoluto implicaba que Carlos no tuviera toda la atención que merecía un bicampeón del mundo. Además, las relaciones entre ambos eran muy buenas, digamos que no había distinciones y que en Prodrive sabían muy bien que si a final de ese año alguien podía resolverles o darles algo, ése era Carlos Sainz.
Esa temporada Carlos empezó sumando puntos con un podio en el Rallye de Montecarlo, algo que para la marca era importante. Añadió tres podios más, 2º en Córcega, Argentina e Italia, y consiguió la victoria en Grecia para llegar excelentemente situado a la última prueba de la temporada en el RAC, donde el título era cosa de Sainz y Auriol.
Días antes tuve la posibilidad de asistir a unos tests del equipo con Colin y Carlos, al sur de Gales. El ambiente entre los dos pilotos era totalmente distendido. Colin tenía una muy particular forma de ser, en el fondo con mucha sorna, y apareció en los tests con un kart cross, con el que nos deleitó con unas cuantas pasadas con su estilo propio, e incluso Carlos entre tanda y tanda probó, en lo que entre ambos era una buena entente cordiale y mejor forma de hacer manos.
Todo apuntaba a que a unos días del rallye la lucha por el título iba a ser ardua, ya que Auriol tras haber ganando en Sanremo era líder, once puntos por delante de Carlos. Y por ello, todo hacía suponer que Carlos debía tener en Colin su mejor aliado, yo siempre creí que por parte del piloto escocés no hubo otro ánimo. Otra cosa es el planning que tejió David Richard a lo largo de los cuatro días de rallye y cómo la prensa, TV y aficionados británicos fueron calentando el ambiente desde el momento en el que Colin, a partir del tercer tramo, se puso en cabeza del rallye.
Desafortunadamente, en un rallye que a Carlos se le puso bien desde el principio, sobre todo cuando Auriol arrastró problema tras problema (toque con una roca, vuelco, fallo en el turbo, etcétera), no es que no se supiera, más bien que no se quiso evaluar lo que era un título mundial frente a una victoria aislada, por más que fuera en el rallye de casa, donde un piloto de Su Majestad no conseguía la victoria desde hacía 18 años.
Visto que Didier aún a pesar del retraso fue ganando puestos, Sainz necesitaba la victoria. Por cuestiones quizá inconfesables, Richard dio carta blanca a Colin y éste se dejó querer, ganó el rallye y Carlos perdió el título. Al año siguiente (1995) también hubo movida y Colin mostró en el Rallye de Catalunya el niño travieso que llevaba dentro. Ese año, aprovechando las vacaciones de Semana Santa (el Easter Monday como allí lo llaman), había quedado con él en casa de sus padres en Lanark para hacerle una entrevista. Me presenté sobre el mediodía, su madre me abrió la puerta y muy apurada me dijo que Colin no estaba para nadie, que había llegado con un pedo de campeonato y que no respondía. Ese año Colin fue campeón del mundo.
Lo sentí, porque hubiera abordado algunos temas que normalmente en los rallyes no da tiempo a tratar, pero lo cierto es que Colin siempre fue correcto con la prensa española, aunque no especialmente comunicativo ya que, en realidad y mientras Carlos y él compartieron equipo, prácticamente toda la atención estuvo puesta en nuestro piloto, y eso creaba cierto distanciamiento entre nosotros y el escocés.
A partir del ‘96 y durante cuatro años consecutivos, el Mundial sería cosa de Makinen. Colin, todavía con Subaru, conseguiría dos subcampeonatos, ‘96 y ’97, siendo tercero en el ‘98. Después vendría la época de Ford, ya con el Focus, donde de nuevo sería subcampeón en 2001, compartiendo equipo con Sainz en Ford y en Citroën hasta su retirada en 2004.
Colin fue siempre un piloto con carisma. Tenía algo difícil de explicar pero que dejaba traslucir que su objetivo, quizá, no era tanto ganar o sumar títulos, como intentar ser siempre el más rápido, incluso cuando te montabas con él en unos tests del equipo. En unos pocos kilómetros era capaz de cortar tanto y tan rápido una curva como para sacar una roca de la cuneta dejando el tramo bloqueado.
A Colin le quedará siempre el honor de haber sido el primer campeón del mundo británico, el segundo fue Richard Burns. En su carrera deportiva ganó veinticinco rallyes y tuvo 20 accidentes en los que el coche quedó para el museo de los horrores, el peor cuando con el Focus caía por un barranco en el Córcega de 2000, quedando boca abajo y tardando un buen rato en rescatarlo. Aun sin buscarla, su popularidad fue enorme. Qué niño y qué mayor no conoce en todos los continentes su célebre juego.