viernes, 29 de agosto de 2008 Buscar

Reportajes y Entrevistas

Audi y los Grupo B

06/05/2008

ELÍAS DOMINGO

Audi y los Grupo B

Si sirve como excusa para rememorar los dorados ’80, bienvenido sea. En la Techno Classica de Essen se celebraron los 25 años del Audi Sport quattro, una versión “recortada” del Audi quattro que causó sensación al convertirse en el modelo de serie más potente construido en Alemania. Además, sirvió a la firma de Ingolstadt para seguir en acción en el Mundial.

Todos tenemos un amigo, o un amigo que tiene un amigo, que vio correr a los Grupo B. Afortunados propietarios de recuerdos imborrables que han visto en acción a las máquinas más potentes jamás puestas en escena en el Mundial de Rallyes. Bestias de caballaje casi ilimitado, con soluciones tan innovadoras como la tracción total y el uso masivo de turbo o compresores para mejorar su rendimiento.

Hasta esa fecha, obviamente, el mundo de los rallyes había tenido muchos momentos de gloria, pero eso cambió con la aparición de nuevos reglamentos. Si previamente habían reinado vehículos como el ya mítico Ford Escort o el Fiat 131 Abarth, por citar sólo dos, lo cierto es que desde los primeros años ’80 la cosa se fue poniendo muy interesante. Como en todas las activida des deportivas que tienen que ver con el mundo del motor, el apoyo de las marcas resultó fundamental desde un principio. Particularmente interesante fue la intención de Audi de lanzar la tecnología Quattro, es decir, que sus coches de calle equiparan tracción a las cuatro ruedas, al estilo de los todoterreno pero para un uso más civilizado.

Cuando la FISA (Federation Internacional du Sport Automobile, es decir, la FIA de entonces) autorizó el desarrollo de nuevos modelos, lo primero que hizo Audi fue establecer como seguro que su vehículo de rallyes tendría cuatro ruedas motrices. El resto de fabricantes no optó por dicha solución, al considerarla como algo pesado y complejo, es decir, una idea que podría traer más inconvenientes que ventaja. En Audi, el departamento de Marketing trabajaba codo con codo con el de Competición para obtener un objetivo: reconocer las ventajas de la tracción total.

Audi quattro, en 1980
Como decimos, Audi se adelantó. Fue el primer fabricante en incorporar a la competición un automóvil con cuatro ruedas motrices. En 1981 hacía debutar en el Mundial el Audi quattro, consiguiendo tres victorias. Sólo un año después, la firma germana se embarca en el campeonato con tres pilotos, Hannu Mikkola, Stig Blomqvist y Michele Mouton. Ese mismo año, Mouton luchó hasta el último momento por el certamen de pilotos, pero finalmente fue Walter Rorhl el que se llevó el campeonato con un Opel Ascona 400. Lo cierto es que Audi todavía tenía algunos problemas de juventud. Pese a ello, Hannu Mikkola se llevó el título de pilotos en 1983, aunque el objetivo de la marca era conseguir ambos certámenes: pilotos y marcas.

En 1984, Audi optimizó de forma espectacular las prestaciones de su vehículo. Pero, previamente, la división comercial lanzaba al mercado el Audi Sport quattro, apodado cariñosamente como "Shorty", sobre el que basaría su modelo de competición. Lo cierto es que en Audi pensaron que el nuevo modelo sería una revolución para el mundo de los rallyes, pero en la práctica nunca fue así, a pesar de ser bastante competitivo. Primero Audi se las tuvo que ver con el Lancia 037, con muchas ventajas estructurales respecto al quattro. Pero quien pondría la puntilla a la aspiraciones de Audi sería Peugeot, quien con su 205 Turbo 16 y los dos títulos mundiales (Salonen, 1985; Kankkunen, 1986), dejaron claro que habían acertado plenamente en el desarrollo de un coche, con Jean Todt al frente. Y todavía recordaréis, si no lo vivisteis en primera persona, cómo Ari Vatanen tuvo un escarceo con la muerte en Argentina, empezando a sentar las bases de lo que sería el principio del fin de la era de los Grupo B. Ari Vatanen estuvo a punto de morir en 1985 y, sin embargo, en 1988 ya estaba bailando de nuevo en un Peugeot 405, haciéndose con la norteamericana Pikes Peak.

La conquista de América
Quien conoce un poco la historia de Audi sabe bien que siempre ha estado llena de cifras míticas y fechas legendarias. Como la marca no estaba pletórica en el Mundial de Rallyes (en 1985, Peugeot ganaba el título de pilotos y marcas, repitiendo en 1986), decidieron atacar otro mercado que, sin duda alguna, resultó de lo más mediático.

Las miradas se dirigieron al estado americano de Colorado, donde cada año, desde 1916, tenía lugar la espectacular Subida a Pikes Peak. Audi no lo dudó: mandó a su mejor artillería y propició la victoria de Michele Mouton en la carrera más importante del verano estadounidense. La jugada funcionó: la tecnología Quattro comenzó a sonar en Estados Unidos y, en 1987, se encargó a un piloto nacional, Bobby Unser, que ganara la prueba. Fue con el Audi Sport quattro, ese vehículo del que estos días estamos celebrando el vigésimo quinto aniversario.

El éxito se reprodujo también en 1987, con Walter Rorhl a los mandos del Audi. Había nacido el mito Quattro y, aunque en 1986 los Grupo B desaparecieron de forma paralela a la vida de Henri Toivonen y Sergio Cresto, su leyenda perduró para siempre. Audi había hecho lo que todas las marcas sueñan: desarrollar un producto, llevarlo a lo más alto y permanecer en la memoria colectiva durante décadas. A ello contribuyó también, lógicamente, el empuje de las demás marcas: Ford, Lancia, Peugeot, Metro… Todas pusieron su granito de arena para convertir a los Grupo B en animales míticos, en bestias que hoy, a base de viejas cintas y modernas retransmisiones en el YouTube, veneramos jóvenes y viejos.

"Grupo B" nos suena a potencia, a bravura, a habilidad, a pericia, a caballos desbocados. Pero "Grupo B" también tuvo un amargo regusto a muerte. Y eso fue lo que terminó con esta época dorada del automovilismo, llena de luces pero con unas pocas sombras que hicieron aconsejable no seguir ese camino.

 

Sites de Grupo Zeta