El asfalto se le ha atravesado este año a Hirvonen; en Córcega se dio
una buena galleta, arrancando una rueda. Lo contaba así: “Mis notas
eran demasiado rápidas para aquella izquierda y entré demasiado
deprisa. El coche se puso de lado y justo pegué contra una piedra
en el punto donde la suspensión se une al chasis. Tuve suerte de que
el coche no se fuera recto, porque había una buena caída. La rueda
salió por los aires, rebotó en una pared de una casa a apenas medio
metro de la ventana de la cocina y fue a parar al tejado de otra casa
que había justo debajo de la carretera. Creo que se rompieron algunas
tejas, pero el dueño no dijo nada, estaba alucinado por todo lo que
había pasado”.