Tanto para lo bueno como para lo malo, todos los amantes de este deporte, y estamos hablando concretamente de los rallyes, sabemos que esto poco o nada tiene que ver con la Fórmula 1. Aquí se mueve mucho dinero y cada vez cuesta más correr, pero nada es comparable al Gran Circo, como se llama habitualmente a todo el mundillo de la F1.
Allí, 22 pilotos corren y todos los demás miran; allí, importa más lo que sucede alrededor que lo que ocurre en la propia pista, allí, pilotos y monoplazas están para entretener al personal, equipos con presupuestos millonarios que se mueven por intereses muy diversos y negocios ocultos, o no tan ocultos, allá por donde pasa un Gran Premio. Los rallyes no son así, aunque a los mandamases de este deporte les gustaría que lo fuesen, para convertirlos aún más en un negocio. A día de hoy, podemos encontrarnos por la calle a Dani Sordo o Marcus Gronholm, hablar con ellos en una asistencia sin estar en una lista de entrevistas o llamar por teléfono a Xevi Pons y comentarle cómo ha ido el día.
Con esto queremos decir que intentar hacer paralelismos entre Sordo y Alonso es poco acertado. En este país, en el que para salir en los papeles y en la televisión tienes que ser un fuera de serie o un descerebrado auténtico (con lo primero saldrás en las noticias, y con lo segundo, en los programas del corazón), sabemos bien que Indurain era héroe de audiencia y portada de periódicos, como en su día lo fue Sainz y ahora lo es Alonso. Aunque este año el Tour no lo ha visto ni Dios, y no porque Alberto Contador no se lo mereciese. Pero, afortunadamente, como en todos los deportes, en los rallyes hay un poso que va más allá, toda esa gente que entiende, que sigue cada fin de semana las pruebas y, sin duda, todos los que compráis TODO RALLYES. Por eso, cuando a veces leemos en medios generalistas, e incluso periódicos deportivos, algunos artículos que parecen más orientados a crear polémicas, al sensacionalismo puro y duro o a hacer de este deporte un espejo de la Fórmula 1, no nos parece de rigor. Para una vez que se hacen eco de algo, suele ser para destacar precisamente eso que no es este deporte. Parece ser que para llegar al gran público los pilotos se tienen que llevar mal, los equipos hacerse putadas, y que para entrar en las asistencias hay que llevar más colgajos que un capitán general.
Pero eso no son los rallyes, eso no es lo que nos gusta, y si para llegar al éxito tienen que ser así, casi preferimos, en contra de nuestros intereses económicos, que se queden como están.