lunes, 01 de diciembre de 2008 Buscar

Campeonatos

¡Todos fueron valientes!

08/08/2006

Vivi GARCÍA

¡Todos fueron valientes!

Treinta participantes españoles, incluidos los cuatro pilotos que militan en equipos punteros, fueron los que se lanzaron a la carrera más dura del mundo con tres objetivos muy marcados. Para los oficiales, la voluntad de hacer un buen papel y coquetear con el pódium; para los que partían inmediatamente después, obtener una posición destacada en su categoría, y para los que tienen en esta carrera su reto personal, alcanzar el Lago Rosa.

Descontando las brillantes actuaciones, ya por todos conocidas, de Roma y Sainz, o el papel de escudero de lujo de José María Serviá. El primero de los privados españoles era Monterde.
Militante del equipo de Sven Quandt (el “oficial” BMW, aunque encubierto), el piloto de Castellón había aportado una buena cifra para participar con el X5 de la temporada pasada, aunque bastante más evolucionado que en el año anterior, y de hecho en algunas de las etapas en las que rodó cómodamente se codeó con los flamantes X3 de Chicherit, Cox o Al-Attiya; pero unas suspensiones con un comportamiento cambiante de manera aleatoria y la rotura de una simple brida en una de las etapas claves le retrasó. Pese a ello, estaba haciendo una carrera muy digna hasta la última etapa, en que su motor cedió y terminó remolcado hasta Dakar, lo que acabó con las aspiraciones del piloto levantino, que es probable que para el próximo Dakar cuente con una estructura propia.
Podríamos dividir en dos partes fundamentales las vivencias del resto de nuestros pilotos. La primera, desde la salida hasta la merecida etapa de descanso en Nouakchott, y la siguiente con el Sahel como protagonista y con la dura etapa “maratón”, que hizo mella entre los que lograron pasar la primera criba.
A la meta de la capital mauritana, tras una semana de carrera y dos etapas dantescas justo antes de esa jornada a base de navegación, arena y fesh-fesh, sólo lograron llegar diecinueve pilotos, algunos con un fuerte retraso ya sobre sus espaldas.
Entre los primeros en tomar el camino a casa podemos citar a Prieto, que, como es habitual en él, no llegaba a cruzar la frontera mauritana. Serviá y Palacios comenzaron bien, pero se tiraron toda una noche enterrados en la arena y con el motor roto de su BMW X5, tras varios días con un problema de presión de aceite; para colmo, volcó su camión de asistencia al acudir en su ayuda. Un final similar al de sus compañeros de equipo, Gaig y Amblás.
Manolo Plaza y Marcos de Quinto pasaron por Marruecos en posiciones muy aventajadas y lo estaban haciendo francamente bien en las zonas más complicadas, pero su embrague moría en un banco de arena y tardaban dos etapas en recuperar la caravana del rallye, aunque ya fuera de control, lo que les obligaba al abandono.
Los canarios Roque-Quesada lo llevaban peor, pues nada más entrar en Mauritania volcaban aparatosamente su Toyota, aunque sin sufrir lesiones considerables.
Finalmente, los Olivé (padre e hijo), Maimí y el tercero de los Olivé, así como los valencianos Sanchís y Montoya, tomaban rumbos similares. Unos al quedar atrapados en la arena y no lograr alcanzar la meta, y otros por averías mecánicas, algo muy común cuando las condiciones son así de duras y los medios son limitados.

Seguir adelante
La etapa de descanso en Nouakchott vino muy bien para que los equipos supervivientes lamiesen sus heridas. Ésa era la labor de Blázquez y Salvador, que lo estaban haciendo de forma impecable inmediatamente detrás de los grandes dioses, hasta que los problemas eléctricos casi les impiden terminar una etapa, con posterior conato de incendio y un retraso considerable, perdiendo gran parte de sus opciones, pero ni un ápice de su ambición y sus deseos de hacerlo bien.
El equipo hispano-mejicano Ginés y Córdoba llegó sin problemas importantes, aunque la pala y los pinchazos fueran el menú del día muchas jornadas. Por el contrario, el Toyota Land Cruiser de Foj y Pujolar no necesitaba apenas mantenimiento, pese a estar inmersos en la lucha por la cabeza del T2, clasificación más que difícil con nombres como Struggo, Metge, etc., a los que hablaban de tú a tú hasta entonces sin el menor contratiempo mecánico; al igual que el joven Garrofé y el veterano Touriñán, quienes, con un Nissan Pick-Up (ex Challenge), andaban cómodamente en las plazas de arriba entre los nuestros.
Para encontrar a Bonafonte había que buscarlo entre los copilotos, pues su compañero y patrón, Johnston, un entusiasta escocés propietario del Bowler, pensó conducir él mismo, pese a no haber corrido nunca en nada. Portugal le sirvió para darse cuenta de que era mejor dejar la “rosca” en manos expertas y aprender GPS y libro de ruta.
Otro Bowler, el de Nicolás y Bosch, alcanzaba Nouakchott, al igual que los coches de la Nismo Challenge, entre los cuales había tres equipos españoles a bordo de los voluminosos Patrol: Manresa-Ferrer, Busquets-Marco y Bosch-Prat.

Parte de guerra
Poco a poco fueron cayendo. Sobre todo entre las filas de los menos aguerridos, y a medida que los días de la segunda parte del rallye iban sucediéndose, el verbo “sobrevivir” era el más conjugado por los equipos españoles que quedaban en carrera.
El objetivo de Blázquez y Salvador, tras el problema ya comentado, era el de brillar ocasionalmente en algunas etapas precisas y alcanzar Dakar, pero en la etapa de Bamako su Navara caía en una zanja y Nacho Salvador se lesionaba la espalda. Con su evacuación en helicóptero, y pese a que el vehículo estaba en condiciones de uso, el abandono fue irremediable, pero con sabor algo más dulce, pues rápidamente se constataba que la lesión de Nacho no revestía mayor importancia.
Otro susto nos lo daba Bonafonte. En el largo enlace posterior a Kayes- Bamako la dirección de su Bowler se rompía y se salían, chocando contra una arqueta que les lanzaba por los aires. Para colmo, allí estaban las cámaras, para grabar la evacuación en helicóptero de ambos; y las imágenes de una leve y pequeña brecha en la frente, pero televisivamente escandalosa y sanguinolenta, daban la vuelta al mundo.
Con Salinero ya fuera al romper la dirección asistida en medio de las dunas mauritanas, y el motor del otro Nissan Proto de su compañero de equipo, Galán, roto, ambos decían adiós en Mali.
El retraso acumulado iba siendo patente para el equipo valenciano de Vela y Puerto; de este modo, en la etapa “maratón”, a la que no podían llegar las asistencias de Green Sport, abandonaban definitivamente.
Busquets hacía lo propio por problemas físicos dejando su participación en la Nismo Challenge, al igual que el Bowler de Nicolás-Priego y el “Mitsu” de Rentero y Vasco, que dejaban la carrera a poco de salir de Nouakchott.
Decepción también para Ginés y Córdoba, que rompieron el GPS de su Mercedes en el peor año para un problema así, pues la navegación era primordial, y aunque lograron llegar al vivac por carretera y les dijeron que podían continuar, con una etapa ya disputada, la resolución final de los deportivos era la exclusión.

Fuertes, muy fuertes
La fórmula mágica de Foj y Pujolar para no levantar polvo en la primera mitad del rallye y aprovecharse de las heridas arrastradas por los demás para subir posiciones sin demasiado desgaste, se confirmaba como sabia, pues el equipo del Toyota KXR cuajaba una participación ejemplar y sin riesgos superfluos.
Garrofé y Touriñán lograban la machada de llevar su Navara hasta la meta, pese a un vuelco cerca de Bamako, aunque las ganas y muchas horas de martillazos les permitieron por fin ver el Lago Rosa.
Campoy y Barbero, expertos en pruebas off road, pero novatos en el Dakar, se plantearon una carrera tranquila y segura. No obstante, tuvieron que correr tres días sin embrague (menos mal que no había dunas), y en la penúltima etapa se tragaron un árbol, lo que no les impidió llegar a Dakar.
Para Farrell y Matons este Dakar era la culminación de un sueño siempre acariciado; para ello, habían involucrado a cientos de amigos a base de diminutas aportaciones y de poner, a cambio, sus fotos en la carrocería de su Land Cruiser HDJ. Pues bien, todas esas fotos tuvieron su premio: poder ver las blancas arenas del Lago Rosa. Durán y González también alcanzaron la meta con su Toyota; ser viejos zorros en esta prueba tiene estas recompensas.
En la Nismo Challenge, tanto Bosch y Prat, como Manresa y Ferrer, han demostrado que, con un robusto Patrol y una cabeza bien amueblada, se puede acabar la prueba, por lo que, desde aquí, nuestra felicitación, tanto a ellos como a los padres de esta iniciativa: Tot Curses y Nissan España.
Finamente, fueron sólo diez los españoles que llegaron a la meta, un tercio exacto de los que partieron de Lisboa. Para todos ellos y para los otros veinte que lo intentaron, felicidades por ese espíritu.

 

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