Pues aunque ya un poco lejos, habría que remontarse a 1990 para recordar uno de los hitos más célebres de la historia del Mundial de Rallyes. Y para ello no queda otra que volver a hablar de nuestro Carlos Sainz, que dejó a todos boquiabiertos cuando fue el primer piloto no nórdico en la historia del campeonato que consiguió vencer el 1000 Lagos.
Fue una cita emocionante. Carlos venía ya con dos victorias en el campeonato, Acrópolis y Nueva Zelanda, y un segundo puesto en Argentina. Estaba sembrado. El 1000 Lagos era un reto para confirmar su gran capacidad de pilotaje y que no estaba en el equipo Toyota por casualidad. Su primera participación en la prueba finesa había sido con el Ford Sierra Cosworth en 1988, año en el que terminó en sexta posición. La segunda en el ‘89 ya con el Toyota Celica, edición en la que, y tras sufrir un volquetazo, consiguió terminar en tercera posición por detrás de Mikael Ericcson y Timo Salonen; hizo podio y fue el piloto que más tramos ganó, ya que de 43 cronometradas se impuso en 17.
Tras estos escarceos llegó 1990 con una victoria que iba a confundir a todos. Nadie, y menos los pilotos nórdicos, Kankkunen, Vatanen, Alen, Ericcson, Salonen, etcétera, podían imaginarse que un "españolito" pudiera correr tanto en un terreno vedado a quien no fuera sueco o finlandés. Carlos no lo tuvo fácil, porque su pugna con Ericcson, con Juha y con Vatanen fue de altos vuelos.
En los inicios del rallye, KKK empezó mandando, siendo el compañero de Sainz en el equipo Toyota, Mikael Ericsson, quien retomaba el liderato, pero Carlos se lo quitó en el tercero, hasta que de nuevo Juha lo recuperaba, manteniéndose líder hasta la novena especial. Posteriormente, la rotura del cable del acelerador en el motor del Lancia dejó a Kankkunen fuera de juego, pero la presión de los Mitsubishi Galant VR4 de Ari Vatanen y Kenneth Eriksson –se decía por entonces que los "Mitsu" montaban los motores más potentes– fue una constante hasta un final en el que el piloto español ganaba a todo un Ari por cerca de 20". Un podio con el que Carlos Sainz rompió todos los esquemas hasta entonces inamovibles del poderío nórdico, bien en las nieves de Suecia como en las rampas de lanzamiento de Finlandia.
Esa victoria fue un mazazo psicológico para los rivales que más apretaban a Carlos esa temporada: Auriol, Biasion y el propio Kankkunen. A esas alturas, Sainz era líder destacado de un campeonato que ganaría poco después en Sanremo, culminando una temporada gloriosa en la que también se adjudicaba el Rallye de Gran Bretaña.