Muchas veces hemos escuchado los más jóvenes historias del Firestone, de cuando Munari consiguió la primera victoria del Lancia Stratos, allá por el año 1973, la misma edición en la que Cañellas alcanzaba al italiano entre la niebla de la Palombera y lograba superarle. O de cuando el equipo Ford acudía a probar sus Escort y Zanini les daba para el pelo con el Seat 124…
Claro está que los rallyes ya no son como los de antes, pero ni la cuajada, ni los tomates ni mucho menos los coches se parecen ya a los que conocieron nuestros padres o nuestros abuelos. Pero hay algunos pequeños reductos, escasos campos, en los que se intenta rescatar el espíritu más auténtico de lo que fueron los rallyes en su día, rodeándose, en la medida de lo posible, de todo aquello que por aquel entonces funcionaba. Así, los coches han de ser al menos de hace 25 años, y si son anteriores, mejor, y los atuendos, las horas, las asistencias y los lugares, sobre todo los lugares. Y si encima contamos con alguno de los pilotos de entonces, que muchos han regresado con gran afición, entonces nos encontramos con los rallyes de Clásicos de Regularidad.
Eso precisamente es lo que ha hecho la Peña Motorista de Vizcaya, recuperar el recorrido de aquellos míticos Firestone y transformarlo en uno de los rallyes de Regularidad más duros del calendario, aunque, eso sí, comiendo bien entre reagrupamiento y reagrupamiento.
La segunda edición, que partía del centro de Bilbao, de la mismísima plaza del Teatro Arriaga, contaba con una amplia lista de inscritos, entre los que destacaban los “clásicos” Pablo de Sousa al volante de un Porsche 911 acompañado por Víctor Sabater, José Luis Echave, que hacía las labores de cero, o el mismísimo Zanini, ganador del Firestone en más de una ocasión, acompañado de un servidor en un Porsche 924. Entre las máquinas más codiciadas estaban sin duda el Lancia Stratos de Xavier Piña, el Fulvia de Rico-Avelló, el Gordini de Campos o la escuadra de 911, BMW, 124 o Escort, entre los que podemos nombrar el de “Yuyo” Bartolomé, el ouvreur de Dani Sordo.
Un recorrido duro
Lejos de los rallyes al sprint que se corren ahora, en los que a las 6 de la tarde están todos en el hotel, la prueba vasca salía a las 5 de la tarde del centro de Bilbao, con una gran afluencia de público, para tomar camino hacia Zeanuri, donde, tras dos tramos de asfalto, se disputaba una especial de tierra; un rallye mixto, como mandan los cánones, donde las tracciones traseras en tierra hicieron las delicias de los aficionados que se habían desplazado hasta allí. El cielo amenazaba lluvia, pero a buen recaudo en el frontón de Zeanuri todos los participantes disfrutamos del recibimiento gastronómico de la localidad, con unos “talos” (tortitas de maíz) calientes degustados “in situ”.
Con la barriga bien llena llegaba el grueso de la etapa del viernes, con seis tramos que nos iban a llevar hasta San Vicente de la Barquera, atravesando las provincias de Vizcaya, Burgos y Cantabria, y con una especial de nada menos 60 km. Carreteras locales con miles de cruces fueron la pesadilla de los navegantes; pocos fueron los que no se perdieron en más de una ocasión, y ninguno el que no dudó. Una lástima la anulación de alguna de las especiales por la falta de comprensión de más de un vecino, a los que no les divertía la carrera e hicieron lo que pudieron para sabotearla, con lo que no todos los participantes pudieron completar el recorrido libres de inconvenientes.
Pero para inconvenientes, los que ya planteaba el propio recorrido de la carrera, pues subir el Puerto de las Machorras a las 12 de la noche, con niebla cerrada y manteniendo una media de 50 km/h no es que sea precisamente “ir de paseo”. En la dificultad estaba precisamente el encanto de este rallye, disponer de carreteras secundarias, incluso peores, por las que discurrir a horas intempestivas y encima con unas condiciones meteorológicas adversas… ¡esto son los rallyes!
Tres días de rallye
Para la madrugada nos esperaban unas perlitas del Rallye de Cantabria, pero en Castillo Pedroso se acabó la noche: un “piloto nocturno” ajeno al rallye había estampado su Golf en la bajada del tramo, y la Guardia Civil se había personado, atestados, ambulancia… Con lo que se llegó al Puerto de San Vicente de la Barquera un poco antes de lo esperado, a las 2 de la mañana los primeros dorsales.
Pero esto no había hecho más que empezar y el sábado esperaban nada menos que 230 km cronometrados, sobre un recorrido total de casi 450 kilómetros. Nos recibían dos tramos empalmados del pasado Cantabria Infinita del Nacional, cruzando Puentenansa y regresando a San Vicente para dar un tiento a un riquísimo marmitaco. La caravana de vehículos, ya un tanto mermada con más de un abandono, tomaba camino de Burgos, y si el Puerto de Estacas de Trueba había sido emocionante de noche y con niebla, con luz de día y más niebla todavía, no dejó indiferente a nadie.
Un nuevo reagrupamiento en Villasana de Mena se convertía en el centro de atención de la comarca, con una merienda que acabó por confirmar que ninguno de nosotros iba a acabar más “ligero” tras la prueba, algo tan de moda últimamente en el Mundial, y si no que se lo pregunten a Gronholm. Cuatro tramos nocturnos iban a cerrar la jornada, y de nuevo al llegar la noche comenzaron los altercados. Los engorrosos cruces y las estrechas carreteras complicaron sobremanera la vida a los pilotos, pues era complicado mantener la media tras meter la pata una vez. Así, José Villalba acababa saliéndose en un estrecho puente con su Audi Quattro y volcando en el río, siendo auxiliado por los participantes siguientes y neutralizados los dos siguientes tramos. Para acabar el día esperaba La Reineta, la mítica subida vizcaína, de donde se pasaba a hacer noche en el nuevo Hotel Sheraton, a la vera de la ría y al lado del Palacio Euskalduna.
El último día se completaba el rallye con los míticos Onton-Ampuero y Limpias-Liendo, con un reagrupamiento en Cicero. La entrega de premios se realizaba en Bilbao. En un apretado final, Luis Mª Oleaga se imponía por sólo 3 puntos a Ricardo Alonso, finalizando Gonzalo Rico- Avelló en tercera posición.
Un completo rallye con tramos realmente difíciles y bonitos, en el que sólo debemos lamentar el alto número de especiales anuladas, dadas las dificultades surgidas. Esperemos que la Real Peña Motorista de Vizcaya siga con ánimo y buen hacer para que podamos disfrutar de esta prueba durante muchos años.