viernes, 29 de agosto de 2008 Buscar

Campeonatos

Rallye Costa Brava Historic ’07

20/04/2007

Josep Autet / Fotos: Pere Xifre, Gerard Bosch y World Race Image

Rallye Costa Brava Historic ’07

Durante el pasado Rallye Costa Brava Historic tuvimos ocasión de volver a ver a Antonio Zanini montado en un Porsche 911 SC, réplica de aquél con el que fue campeón de Europa en 1980. El padre del proyecto fue Manel Arroyo, uno de los directivos de Dorna, y Josep Autet se volvió a sentar a la derecha de Antonio. Los dos nos cuentan su experiencia en primera persona.

Debo confesar que la participación con Antonio Zanini en el Costa Brava Historic me ocasionaba un cierto –por ser moderado en la apreciación– nerviosismo, y no por el hecho de hacerlo, sino porque todo indicaba que se produciría en unas condiciones nada acordes con mi forma de enfocar las carreras. Mis temores fueron tomando forma, y hasta muy pocas horas antes de la salida no supimos a ciencia cierta si el Porsche 911 SC, réplica del que llevó Antonio en el Costa Brava de 1980, estaría a punto, tras el gran esfuerzo del propio Zanini, del propietario y financiador del coche, Manel Arroyo, y del grupo de entusiastas que trabajó lo indecible para que el auténtico sonido Porsche de finales de los 70 volviera a ponerse en marcha, en especial Jordi Riera, Xavier Coma y Manuel García, que trajeron personalmente un montón de piezas desde Alemania para que la reparación y el acondicionamiento fueran un hecho real.

Pero ésa no era la única incógnita que me atenazaba. Mis temores reales eran los de ¿regularidad al segundo?, ¿cómo se calculan los promedios?, ¿cuál es el recorrido?, ¿dónde están los controles?, ¿cómo funcionan los trips del coche?, ¿cómo se calibran? y ¿voy a aguantar 1.200 km intentando trabajar al segundo cada 100 metros? Para acabar de completar la ración de incertidumbres, todo esto se aderezó con que yo me subí al 911 el primer día en Tona, en pleno rallye y tras una breve parada después de 6 tramos de regularidad, ocupando el asiento que Manel Arroyo dejaba libre a causa de sus ocupaciones al día siguiente en MotoGP. En los 15 minutos escasos que mediaban entre su llegada a Les 4 Carreteres y nuestra posterior salida, yo tenía que ponerme al tanto de todas estas incógnitas para proseguir el camino de la mejor forma posible y poner en marcha de nuevo mi aureola de copiloto de verdad. Nunca en la vida había afrontado un rallye en estas condiciones, y eso me produjo un nudo en el estómago que me hizo pasar físicamente una de las peores noches de rallye que recuerdo, aunque ésa no es la esencia de esta historia.

Descubrirlo todo sobre la marcha
Los rallyes, como participante, ya son para mí una época cerrada, no tengo necesidad de quemar esa adrenalina y confieso una vez más que yo no estaba demasiado motivado para sentarme de nuevo a la derecha de Antonio, 13 años y pico después de haberlo hecho por última vez en algún rallye de Tierra del Nacional. Y es que no tenía la más mínima preparación ni conocimiento para hacer Regularidad en condiciones. Fue casi como un reto personal, una cuestión de pundonor, intentar hacerlo lo mejor posible en medio del mar de dudas en el que navegaba (nunca mejor dicho), y ésa es una potente ayuda cuando hay que afrontar dificultades que no permiten escoger dos caminos para superarlas.

Vamos a intentar hacer una pincelada para despejar globalmente el desenlace de las dudas que tenía en mi mente y que pueden ser las mismas que tenga cualquier lector que quiera conocer un poco más este complejo y especializado mundo de la Regularidad. En primer lugar, es básico tener un buen contador de metros (los conocidos tripmasters) y que esté calibrado con la mejor exactitud posible. Ese elemento es esencial para que todo cuadre, roadbook y cronómetro. Aunque era de locos ver la sofisticación de los numerosos aparatos ordenadamente colocados en el tablero que llevaban los que “iban a ganar”, la realidad es que para hacer una actuación decente no hace falta tanta complicación: terratrip, reloj, cronómetro –todo adecuado y perfectamente a punto y en hora, claro– y una gran dosis de ganas de trabajar. En nuestro caso, el imprescindible trabajo de ajustar lo habían hecho el propio Antonio y Manuel… en pleno primer tramo. ¡De la que me libré! Pero la verdad es que el calibraje que consiguieron para nuestros gruesos TB15 de 23/62-15 fue excelente y las distancias cuadraban casi al metro.

 Primera parte solucionada; ahora el reloj tenía que estar al segundo de acuerdo a la hora oficial y mi habilidad, sin que nadie me indicara nada, era hacer salir a Antonio en el preciso segundo en los controles de salida de los tramos de Regularidad. Eso no me fue nada difícil, ya que tiene bastante que ver con el sistema que se vive en un rallye convencional, sólo que aquí tú mismo das oralmente la salida, pero ni mi Seiko de cuarzo, con el que gané muchas carreras, ni el nuevo Heuer automático, ambos de agujas, servían para ver bien el segundo exacto cada 100 metros. La suerte de correr en estos tiempos con Antonio es que las soluciones aparecen al instante, y de su muñeca izquierda surgió una pulsera digital “de cuatro perras”, pero con unos gruesos números en forma de dígitos, lo que calmó mi inicial nerviosismo. Pasar en el segundo exacto y en el metro indicado debe hacerse con la ayuda de una serie de tablas ascendentes (hay todo un mundo de ayudas en este sentido) calculadas de acuerdo a los promedios dados por el organizador y eso, a ser posible, cada 100 metros en todos los tramos de Regularidad. Ése es un ejercicio que requiere mucha soltura pero que con algo de entrenamiento puede conseguirse más o menos bien, aunque claro está que con un entendimiento y una eficacia totales por parte de ambos ocupantes. En terreno de curvas a menudo es difícil mantener el promedio de 50, pero ahí está la habilidad de saber apretar y levantar dependiendo del momento y, también, de saber hacer con soltura los cambios de ritmo a que obliga repentinamente el promedio que el organizador tiene a bien colocarte en determinadas zonas.

Cuestión de disciplina y experiencia
A mí siempre me había parecido una tontería eso de ir por ejemplo 40 kilómetros enfrascado en mantener cada 100 metros un ritmo de 50 por hora y que luego tan sólo en uno o dos lugares de ese recorrido un control dictara sentencia. Pero ahora, tras la primera experiencia, me doy cuenta de que todo tiene un sentido, y es el de saber autodisciplinarse en un cometido que tiene cierta magia y que si se trabaja bien te da fácilmente su rendimiento en la puntuación.

A lo largo de dos días de rallye, y con mi nula experiencia en esta tarea del promedio exacto, conseguimos dos 0 y cuatro 1, amén de otras puntuaciones bajas a las que hay que sumar, ejem..., puntuaciones realmente “gorditas”, pero que en mi foro interno tengo claro que todas tienen un motivo y una culpa; desde los problemas gástricos hasta una falta de previsión en algún control de enlace realmente imposible, pasando por un lío con el famoso reloj salvador de Antonio, una jugarreta del organizador en el último tramo del sábado y montones de segundos perdidos en dos largos tramos en los que el trip hizo vacaciones por avería de la sonda de datos.

La Regularidad hay que saberla apreciar como un ejercicio escrupuloso de disciplina en el que la organización, la experiencia e, incluso, la improvisación y las buenas decisiones tienen un papel muy importante. El recorrido de este Costa Brava me pareció excelente; a Antonio desde luego le encantó, y a mí me pareció alucinante por la de vueltas que dábamos de un lado para otro a un ritmo que, a posteriori, me pareció increíble haberlo hecho: los 50 por hora que nos marcaba el perfecto rutómetro confeccionado por Álex Romaní. En los sectores difíciles, Zanini demostró que sigue siendo el de siempre: un hombre realmente competitivo. ¿Dureza? Sí, claro, son muchos kilómetros sin parar y a un ritmo fijo, con escasísimos parques de asistencia para hacer un reset y con una atención exigida realmente notable y constante, pero alguien con una forma física aceptable y, claro, la experiencia al volante o a la derecha de él es suficiente para desenvolverse en la especialidad. Yo diría que en la Regularidad es más necesario que nunca la vocación de querer hacer bien el cometido y la capacidad de esfuerzo por mejorar.

Antes me parecía que para salir a divertirse sin más pretensión en un rallye de Regularidad era suficiente con hacer el recorrido a tu aire, pasando de controles y de promedios y esforzándote en todo caso para no correr más de la cuenta y de una forma razonable en carreteras abiertas al tráfico. Ahora, tras la experiencia vivida en el Costa Brava, esa creencia veo que no tiene sentido. Salir a pasear en un rallye de Regularidad sin meterte en la carrera tiene poca chispa, porque al final debes acabar asqueado de deambular sin ton ni son, adelantando a veces, siendo adelantado otras…, y todo ello para llegar a un sitio sin saber exactamente para qué.

Pienso que la Regularidad es para esforzarse en intentar hacerla, sin calentarte demasiado la cabeza eso sí, pero procurando hacer unos promedios que te dan realmente una valía como conductor o navegante y que te permiten en ciertos momentos poner a prueba la habilidad de ambos en condiciones muy semejantes a los rallyes “de verdad”, pero con la gran comodidad de estar sentado en los butacones originales de un Porsche del ‘77, por poner un ejemplo, sin cascos ni incómodos arneses y sabiendo que, si te hartas, puedes bajar la ventanilla y respirar aire fresco. Definitivamente, este Costa Brava con Antonio fue una experiencia que recordó viejos tiempos y aportó nuevas e interesantes vivencias.

 

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