lunes, 01 de diciembre de 2008 Buscar

Campeonatos

Mundial de Rallyes en Finlandia

08/08/2007

Nacho BLANCO / Fotos: DPPI, SUTTON, HOLMES y N.B.

Mundial de Rallyes en Finlandia

Ni una más ni una menos, siete veces ha ganado Gronholm el rallye de su país. Este año se impuso una vez más tras una dura lucha con su compañero Hirvonen y dejando ambos atrás a Sébastien Loeb, quien tuvo que conformarse con la tercera plaza. Ahora Gronholm es más líder, con 13 puntos sobre Loeb, y Ford supera ampliamente a Citroën.

El que Marcus Gronholm fuera el favorito aquí, en su casa, no era ninguna novedad, no en vano lo había ganado seis veces en los últimos siete años, pero la verdad es que nadie esperaba esa arrogancia por parte de Ford, que con su nuevo Focus no dejaba a los demás nada más que las migajas. Estrenó aquí pequeñas mejoras, mientras que sus dos pilotos salieron a ganar. Uno porque ve su retirada cerca y quería marcar un hito en su tierra, a la par que sumar puntos para conseguir ese anhelado título, y el otro porque tiene unas ganas locas de ocupar el puesto de finlandés número uno que detenta su jefe de filas.

Pues bien, ambos salieron a tope y en el tramo espectáculo… ¡sorpresa! Era un australiano el que se llevaba el scratch. Aunque no pasaba de anecdótico, éste iba a ser el primer indicio del rallye que se iba a marcar Atkinson, achuchado quizá por la llegada de Pons al equipo Subaru. Pero cuando comenzaban los tramos de verdad la sangre vikinga se hizo notar, aunque fue Latvala el que dio primero, crecidito después de sus buenos rallyes anteriores; no fue más que un nuevo espejismo, pues al siguiente tramo se iba fuera y luego arrancaba una rueda, aunque Malcolm Wilson destacaba su actuación y declaraba que sin duda algún día Jari Matti ganará este rallye. No quita.

Por detrás, Hirvonen ya había comenzado a lanzar mensajes de que lo suyo iba en serio y se intentaba subir a la chepa de Gronholm, algo peliagudo con los 193 cm que mide. Lo conseguía en el tramo cuarto, colocándose líder, después Marcus volvía a mandar, aunque sin conseguir despegarse apenas unas décimas. Así, tras siete tramos la diferencia entre ambos era de 0,8 segundos, mientras que Loeb se iba ya a los 11,7" tras haber realizado un trompo, calada incluida.

Gronholm, en cabeza
A final del primer día y a pesar de ir abriendo pista, Gronholm lideraba la prueba a sólo 4,4 de Hirvonen, que le estaba dando más trabajo de lo esperado. El Focus iba como la seda y ambos estaban poniendo a Loeb contra las cuerdas. El francés se defendía como podía, era tercero a 20" y no tiraba la toalla a sabiendas que el sábado quedaba aún mucho rallye. Un recorrido además que se diferenciaba bastante pasado, aunque la mayoría se había realizado en ediciones anteriores. Cuarto era Atkinson, a 46,9" Gronholm, en un espectacular rallye que el austral nos estaba dando, le debían faltar los koalas por los pinos para sentirse como en casa.

Setter, en cambio, estaba bastante mosqueado con un Impreza que no entendía. Llegó a rodar la primera mitad de la etapa con tracción a un solo eje, aquello era inconducible. Se encontraba ya a un minuto de Marcus, y lo peor estaba por venir. Dani rodaba con aplomo y seguridad a fin de pasar por todos los tramos y se encontraba sexto, a casi minuto y medio de Gronholm, pero por delante de Henning Solberg, que había sufrido un pequeño problema con la dirección asistida. Stohl era octavo tras un despiste, mientras que dos unidades del escuadrón de Mitsubishi Lancer WRC cerraban los diez primeros, Juho Hanninen y Urmo Aava, pues Kristian Sohlberg se había atizado de lo lindo.

Sábado definitivo
El segundo día concentraba la parte más dura del rallye, la esencia del 1000 Lagos. Con la recuperación de Ouninpohja completo, con sus 33 km, frenados eso sí por un par de chicanes para bajar la espeluznante velocidad media. Los pilotos se enfrentaban a la dura realidad frente al crono. Si bien Loeb aún pensaba que podía dar caza a los dos chalados finlandeses de los Ford, y de hecho marcó el primer scratch, Marcus dejó claro que él era el veterano, el que tenía el culo más pelado de dar botes en Finlandia, y les metió uno tras otro seis tramos seguidos. No vamos a decir que iba regalando nada, porque daba auténtico terror verlos pasar: si Loeb cortaba, Hirvonen se metía más y pegaba dos o tres libradas por tramo, pero cuando aún estábamos recuperando la respiración, Gronholm metía el morro de su Focus hasta besar el mísmísimo vértice de la curva y rara era la cuneta de salida que no tenía una huella de su rueda trasera. Realmente impresionante. Dijo que nunca había pasado tan deprisa por algunos sitios, pues habían saltado en muchos puntos que antes no lo hacían.

Así hasta que tanto Loeb como Hirvonen entendieron que no había nada que hacer frente al granjero larguirucho y decidieron "bajar", si se puede llamar así, el ritmo. No sin antes marcarse Loeb un buen recto en un cruce de 90 grados. Al final del sábado las tres primeras posiciones eran las mismas, pero ya estaban completamente definidas: Gronholm líder, Hirvonen a 20" y Loeb a un minuto. Cuarto era Atkinson, que seguía rodando a buen ritmo, aunque ya casi a tres minutos y limitándose a controlar a Henning Solberg, que era quinto. Por el camino se habían quedado Petter Solberg, al que se le reproducían los problemas y decidía abandonar, Sordo con el motor roto y Stohl que había volcado en el tramo 13.

Así, Pons alcanzaba la sexta plaza, mientras que Urmo Aava era séptimo en su segundo rallye con un WRC y quedaba como único representante de los tres diamantes entre los diez primeros al romper Hanninen el motor. Mad Ostberg cerraba la lista de los puntos con su Impreza WRC.

Quedaba un domingo con sólo tres tramos y pocas sorpresas, un domingo de celebración para el equipo Ford y en el que sólo Jan Kopecky sufría una salida de carretera, dejando en la novena plaza a Guy Wilks y décimo a Matthew Wilson.

Gran fiesta en Jyvaskyla, con Gronholm en lo más alto del pódium, líder destacado del Mundial y con un heredero en ciernes, Hirvonen. En Ford estaban que se salían, con 30 puntos de ventaja en el Mundial y un Focus a batir.

La siguiente cita, en quince días, donde se promete venganza, al menos por parte de Loeb y de Citroën. La emoción está servida.

 

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