No sabemos quiénes corren más, si sus coches o sus pilotos. El hecho es que, en una nueva cita del IRC y de máxima puntuabilidad para el Europeo, de nuevo en el Rallye Vinho da Madeira los Fiat Grande Punto S2000 han sido inaccesibles para sus rivales.
El asfalto seco en Madeira tiene un excelente grip, pero en mojado es otro cantar. Y fue precisamente la lluvia, que afectó a unos más que a otros, la que empezó marcando las diferencias, que posteriormente serían casi definitivas en la clasificación final del rallye. Pero antes de que se diera la salida al segundo tramo largo, una vez que el primero había sido un insípido tramo espectáculo, el lío que se armó en la asistencia de Fiat fue de "Noche de Impacto". Andrea Navarra se disponía a salir, cuando su coche se negó reiteradamente a arrancar. Los ingenieros y los mecánicos lo revolvieron todo, centralita electrónica, cableado eléctrico, bujías, etcétera, pero no hubo forma. Resultó que Navarra se quedó más tirado que la una, con el cable de masa suelto. Menudo panorama, el gran rival de Ojeda no iba a puntuar. Era pues el momento de intentarlo todo para alcanzar el liderato, ya que un segundo puesto le valía al cántabro, y si alguno de los numerosos 207 S2000 quedaban arriba, situarían a Peugeot líder también del certamen de Marcas.
Pero el reto no iba a ser fácil, ya que la lluvia alcanzó a Ojeda, y no tanto a Basso y a Navarra, que inicialmente se situaban por delante. "Kike", a pesar de una monta de neumáticos oportuna, no pudo evitar que le cayera una tormenta de pleno, algo que no sucedió a los otros. De esta guisa, en las dos primeras cronos del día, Ojeda perdía cerca de 40 segundos, que, a base de mucho riesgo, intentaría reducir.
Peor le habían ido las cosas, además de a Navarra, a uno de los teóricamente favoritos como era Víctor Sa, que en la tromba de agua, en una izquierda rápida, era víctima de un aquaplaning, estrellando su coche contra un pretil. Tampoco la suerte estaba acompañando a Nicolas Vouilloz, que, tras los primeros tramos, llegaba a la asistencia con problemas de embrague y exigió cambiarlo a costa de una fuerte penalización, que con más de 6 minutos lo llevó al fondo de la clasificación.
Mediada la primera etapa, Basso precedía a Navarra por 18 segundos y a Ojeda por casi 1 minuto, mientras que pilotos como los portugueses Fontana (Fiat S2000) y Fontes (Fiat), el belga Cassier (207), etcétera, quedaban ya más rezagados. No se contaba ya ni con Loix (Fiat), por problemas de transmisión, ni con Iliev (Mitsubishi), con el cambio roto. En cuanto a Dani Solà, bien posicionado en las primeras especiales, los problemas con el tren trasero lo situaban entre los quince primeros, terminando la primera etapa en el puesto 22º de la general. Una etapa en la que no hubo mayores incidentes y que dio paso a una segunda en la que también iba a haber más de un acontecimiento.
Nada está perdido
En la segunda etapa, la actuación de Ojeda fue tremenda. En tan sólo un tramo, el primero de la jornada y el más largo del rallye con 27,24 km, recortó a Travaglia 16 segundos, mientras que un muy combativo Bruno Magalhaes (207) inició un sorprendente forcing, que le haría acercarse a los puestos de podio.
Pero de nuevo surgirían los problemas en el equipo Peugeot Sport España. Se dieron a mitad de etapa, cuando "Kike" comunicaba a su asistencia que la caja de cambios perdía valvulina y que se iba endureciendo progresivamente. A falta de cuatro tramos, que sumaban un buen puñado de kilómetros, no quedó otra que sustituirla, y no pudo impedirse también caer en una penalización de más de 20 segundos, que permitió acercarse rápidamente a Magalhaes, líder entre otras cosas del Portugués de Rallyes.
Pero las sorpresas en esta 48ª edición del rallye madeirense no habían concluido. Cuando el podio se daba ya por hecho, con Basso, Travaglia y Magalhaes, los comisarios técnicos, que andaban ya con la mosca detrás de la oreja, descubrían (cuando un mecánico intentó acoplarlo) que el Mitsubishi de Travaglia llevaba suelto el regulador de la presión de alimentación, con lo cual las prestaciones, con tanto desnivel de altura, fueron en parte determinantes en los buenos cronos del italiano. Pillado in fraganti, el italiano fue descalificado ipso facto, con lo cual Ojeda subía de nuevo al podio, con el resultado de situarse a un punto de Navarra en la clasificación del campeonato.
Un certamen que está dando un bonito juego y que, además, sitúa a "Kike" también en una excelente posición de cara a optar al título intercontinental, es decir, al Campeonato de Europa Absoluto, que ya consiguió en 1980 Antonio Zanini, lo cual fue todo un hito en la historia de los rallyes españoles.
En cuanto a Dani Solà, el de Vic, en su intento de ir mejorando el coche rallye a rallye, conseguía finalmente el decimoquinto puesto, mientras que el canario Juan Carlos Robledano, tercer equipo español en Madeira, no conseguía acabar por problemas de embrague.