Del 1 al 3 de junio se celebró en Córcega la segunda edición del Corsica Historic Rallye, prueba en la que finalmente decidimos acudir atraídos por la magnífica inscripción (nada menos que cerca de 170 vehículos) y, por qué negarlo, también por el hecho de disputarse en una zona conocida por sus sinuosas carreteras trazadas entre un sinfín de paisajes de postal. El viernes por la mañana pisamos la isla que vio nacer a Napoleón y después de un entretenido viaje realizado por tierra, mar y aire, nos pusimos rumbo a Ajaccio. En la capital de la “región Corse” se instaló el centro neurálgico del rallye, con el pódium y el parque cerrado ubicados en la Place du Diamant. Aquí pudimos comprobar, in situ, la gran variedad y calidad de los vehículos participantes que, llegados de media Europa, fueron durante los tres días de competición el foco de atención de pilotos, aficionados y, cómo no, también de los turistas.
Coches “pata negra” Pese a que la mayoría de los vehículos que participan en un rallye, son dignos de admiración, estamos acostumbrados a escuchar la expresión “Pata Negra”, cuando nos referimos a los vehículos de competición que son o han sido oficiales o, como dirían los franceses en el caso de los clásicos, ex-usine. Y es que el conocer parte de la historia de un vehículo, lo hace todavía más interesante. En tierras corsas nos encontramos con uno de los parques cerrados más impresionantes de la temporada, sólo comparable al Tour Auto o al Montecarlo Historique. Aunque hemos de decir que no es oro todo lo que reluce y que los cambios de matrícula hacen más difícil el trabajo de saber, a ciencia cierta, la historia de un vehículo ex-usine, por lo que, en muchos casos, el número de bastidor es lo que acaba dando la pista definitiva. De entre los casi 170 participantes, en Córcega destacaban varias unidades, la lista sería demasiado larga para enumerarlos a todos aquí, por lo que mencionaremos los que, a priori, son más difíciles de ver en nuestro país. El Fiat 131 Abarth, ex Fiat France o el Triumph TR7, del equipo British Leyland Cars, que durante 1980 pilotaron, entre otros, Per Eklund, Timo Makinen y John Buffum. Digna de mención es también la historia del Porsche 911 Safari, “Kuhne & Nagel”, pilotado en su día por Bjorn Waldegard y Edgar Hermann, y que tras el Safari del setenta y cuatro, nunca regresó a Europa. Veinte años después, fue finalmente recuperado al norte de Kenia por su actual propietario, en un estado realmente lamentable. Otro de los vehículos caros de ver, es el Opel Ascona 400 “Rothmans”, al igual que el Mazda Rx7, esta unidad en concreto fue pilotada en la tempo rada 85 por Ingvar Carlsson y consi- guió la tercera plaza en el Acrópolis de ese mismo año. Ya más común, pero que no deja de impresionarnos cada vez que lo vemos, es el Lancia 037 Rallye, o el Lancia Fulvia que el piloto italiano, Sergio Barbasio, llevó hasta la tercera plaza en el Sanremo del año 61.
Réplicas Cuando nos referíamos a que no es oro todo lo que reluce, no es que estemos despreciando a nadie, sino que, en ocasiones y pese a tratarse de un vehículo totalmente de competición, sus propietarios deciden redecorarlo de forma que aparente más de lo que es. Es el caso del Lancia Stratos, que pese a competir durante seis años, siempre en manos de pilotos privados, nunca llegó a ser realmente un “Alitalia”, o el Audi Quattro Sport, un vehículo que la marca germana inicialmente utilizaba como unidad de pruebas y que acabó en Los Ángeles, pasando antes por Dubai y que actualmente no sólo luce los colores “HB”, sino también la matrícula que llevaba Walter Rohrl en el Montecarlo del año ‘85. La sorpresa saltó cuando, una vez que todos los vehículos desembarcaron en Córcega, la Federación Francesa no permitió que los Grupo B compitieran de forma oficial, por lo que sus pilotos se tuvieron que conformar con ejercer las labores de coches cero o participar en Regularidad, una lástima.
Tres días de rallye A diferencia de lo que sucede habitualmente en las pruebas de clásicos, el Tour de Corse se disputó con los tramos cerrados a la circulación, como si de un rallye convencional se tratara. El motivo de que se realice en este formato es que aquí los equipos pueden escoger entre dos tipos de competición, Velocidad o Regularidad, en esta última se puede elegir entre tres tipos de media: alta (70 km/h), media (55 km/h) y baja (40 km/h). Como aperitivo y para ir abriendo boca, el viernes por la tarde se celebró el shakedown que, a su vez, era la primera etapa para los equipos inscritos en Regularidad. Éste se disputó en las proximidades de Ajaccio, en la misma carretera en la que también lo hacen los WRC del Mundial. Después de esta primera toma de contacto, el sábado a las ocho de la mañana arrancó el rallye. Dividido en dos etapas, el recorrido estaba trazado por unas carreteras que, total o parcialmente, han confeccionado el recorrido de algunas de las ediciones del Tour de Corse. Los tramos, centralizados en su mayoría al norte de Ajaccio, eran cinco especiales (tres el sábado y dos el domingo) y los participantes en teoría debían realizarlos en dos ocasiones cada uno. Y decimos en teoría porque el tramo por excelencia del rallye, Porto-Piana, por desgracia para los allí presentes fue anulado en su segunda pasada. Éste consta de diez kilómetros que se abren paso entre rocas de formas espectaculares y acantilados de vértigo, siempre bordeados por un pequeño muro de piedra y con el mar como excepcional compañero de viaje. El hecho de tratarse de una zona de interés turístico, con la masiva afluencia de visitantes que esto conlleva, fue determinante para que no pudiéramos disfrutar una segunda vez del paso de los participantes. Donde los espectadores sí tuvieron la oportunidad de disfrutar, en dos ocasiones, de la caravana del rallye fue en los dos tramos que completaban el recorrido de la primera etapa, Liamone-Apricciani (20 km) y Vico-Letia (14 km). El domingo, los clásicos visitaron de nuevo la población de Vico, en esta ocasión para disputar Vico-Arro (22 km) y a continuación Casaglione-Calcatoggio (10 km).
Competición pura y dura Con un itinerario tan completo y selectivo, los participantes en el rallye disfrutaron de lo lindo, al igual que lo hicimos los muchos aficionados que nos desplazamos a los tramos para seguir sus evoluciones y gozar del rugido de sus motores que, con un sonido celestial en más de una ocasión, nos pusieron los pelos de punta. En Córcega, las mecánicas sufrieron más de lo deseado y es que estos “viejos rockeros”, si no están cuidados hasta el último detalle, difícilmente aguantan las exigencias de un rallye como éste, en el que los pilotos inscritos en Velocidad no iban precisamente despacito. Prueba de ello es la gran cantidad de abandonos que se produjeron a lo largo del fin de semana. Después de tres jornadas de competición, los supervivientes llegaron el domingo por la tarde a la Place du Diamant de Ajaccio donde, ante una gran expectación, se celebró la entrega de trofeos a los mejores equipos clasificados en las diferentes clases y categorías. En Velocidad, en esta edición del Corsica Historic Rallye, victoria final para el Porsche 911 pilotado por Gérard Bley, que pese a no contar con demasiada diferencia respecto a su máximo rival, se mantuvo en cabeza desde la primera especial. Segundo se clasificó el Opel Ascona 400 de Bruno Migliara, mientras que el piloto local Ange Mathieu Martinetti completó un podio monopolizado por modelos alemanes con otro Opel Ascona 400. El reparto de premios dio por finalizado el rallye. Para la mayoría de los participantes en esta disciplina, disfrutar de su vehículo, gozar del recorrido establecido y llegar a la meta siguen siendo las cosas más gratificantes. .