Sumar nueve victorias en el Dakar no debe ser nada fácil, pero lo que está claro es que para triunfar en el desierto hay que saber, y mucho. Este año VW apostaba muy fuerte y, como el año pasado, lideró las primeras etapas de la prueba, pero llegó un punto de inflexión, la etapa entre Tichit y Nema, en la que los Touareg dijeron basta. Primero fue De Villiers con un problema de turbo que le hizo perder el liderato, acto seguido Sainz lo recogió y unos cuantos kilómetros más adelante fue su VW el que no dio para más, momento en el que Peterhansel recogía el liderato y lo llevaba hasta Dakar.
Las malas lenguas dicen que el problema de los VW fue el mismo: un problema con una de las válvulas del nuevo motor que probaron poco antes de la carrera. Por ello, la avería se dio con muy poco tiempo de diferencia entre los coches, y fue crucial, pues si bien el problema de Sainz con la dirección asistida le costó un tiempo, siempre era algo recuperable, pero ocho horas no.
Diez victorias de etapa
Con ello, VW volvía con las manos vacías y demostró que, de no ser por esa etapa, sus coches y sus pilotos son desde luego los más rápidos. Sainz se llevó nada menos que cinco victorias de etapa, cuatro De Villiers y una Sousa, o sea, diez de las quince posibles; no está nada mal.
Entonces, el coche corre y los pilotos no se pierden. Falta fiabilidad, y eso sólo hay una manera de conseguirlo: kilómetros y kilómetros de tests. Una idea es dejarle un Touareg a “Alí El Cojo” en el Erg Chebbi y que ruede y ruede hasta que vayan rompiéndose cosas.
Roma tampoco estuvo muy afortunado, pues primero un problema con los gatos del coche y luego un vuelco en el que dañó la correa de la distribución le hicieron perder demasiado tiempo. Los Mitsubishi completaron un doblete, con Peterhansel y Alphand separados por menos de diez minutos, pero los Montero no se llevaron ni una sola victoria de etapa.
Estaban muy preocupados controlando cualquier error, pues recordemos que Peterhansel perdió la carrera el año pasado al arrancar una rueda en un árbol en las últimas etapas.
Tampoco estuvieron exentos de problemas los Mitsubishi, pues un embrague un tanto recalcitrante hizo a sus pilotos pararse a cambiarlo en más de una ocasión, aunque afortunadamente es algo que no lleva más de... ¡quince minutos!
En cuanto a los demás, sorprendió la rapidez de los BMW. Al-Atiyah ganó una etapa y finalizó sexto, aunque de no haber penalizado por exceso de velocidad en Marruecos, podía haber estado incluso en el pódium. Monterde logró acabar con su X5, aunque no entre los diez primeros como el pretendía, sino decimosexto, aunque llegar al Lago Rosa siempre es un placer.
El “abuelo” Schlesser volvió a hacer de la suyas, y a la chita callando, esta vez sin el apoyo de ninguna marca, logró subirse con su buggy al tercer escalón y completar así un pódium totalmente francés. Impresionante de nuevo el Hummer del norteamericano Gordon, que se llevaba también la victoria en una etapa y finalizaba octavo, justo por delante de Sainz.
Pilotos españoles
Entre los restantes pilotos españoles hubo, como cada año, diferente suerte. Destacar la actuación del equipo Toyota España, donde Javier Foj finalizó en la cuarta plaza entre los vehículos de serie, mientras que su compañero Joan Pujolar fue sexto. Manolo Plaza también logró llegar al Lago Rosa, algo que no consiguieron hacer ni Albert Llovera, que tuvo un problema de transmisión en Marruecos, ni Salinero con su Nissan.
Entre los camiones, la victoria fue para el holandés Hans Stacey, que con el MAN les arrebató la victoria a los intratables rusos. Pep Vila finalizó con su Mercedes como primer equipo español en la decimoquinta plaza.
Clasificación final
