El único Gran Premio de Finlandia del que recuerdo tener noticia fue el del Campeonato del Mundo de Motociclismo en Imatra, al este del país, cerca de la frontera con la antigua URSS, ese extraño circuito en el que Gilberto Parlotti, Agostini, Ángel Nieto O Phil Read atravesaban un paso a nivel como parte de los condimentos de un recinto trufado de aceras y farolas.
Lo siguiente en emoción es el Rallye de Finlandia; todo un derroche de velocidad y altísimas sensaciones, con pinos, lagos y fotogénicos saltos como parte del zurrón. El año pasado uno de los periodistas más carismáticos de la productora de televisión que comercializa las imágenes del Mundial me dijo una gran verdad. Él, que siempre está en el Stop de los tramos cronometrados, confesaba que Finlandia es el rallye más aburrido, puesto que pocos llegan con un problema a final de tramo (pinchazos tipo Grecia, pequeños toques estilo Argentina o incluso vuelcos). El que tiene un error en el tramo destruye el coche directamente, sin miramientos.
Creo que ya conté que la primera vez que llegué a Finlandia, a Jyvaskyla, fue un veintitantos de junio de 1999, para casi dos semanas de tests de Seat Sport en el estreno del WRC Evo 2, justo cuando en esa zona acababan de celebrar la fiesta que da comienzo al consumo libre de alcohol en la vía pública (prohibido durante la época invernal). Ya contaba con que apenas habría una hora y media de penumbra (que no noche). También contaba con las largas sesiones de tests que programaba Benoit Bagur con la aquiescencia de Ignacio Bultó y de Jaime Puig. Con lo que no contaba era con los 32º de temperatura ambiente y los asquerosos mosquitos. Yo, que ese mismo año me había cabreado por no ir al Rallye de Kenia.
Una de las noches-días salí con varios mecánicos y el peligrosísimo Pepe Adell Jr. a una conocida discoteca. Allí, entre las pijas, está de moda aprender español, cada vez más, y había una que tenía un novio malagueño. Le llamó al móvil a las tantas, y ella, borrachísima, no le entendía. Me puse yo y, amparado por los miles de kilómetros, le dije al tío: "Tronco, tienes una novia que besa del uno". Como media hora después apareció otra vez enfurecida en compañía de una amiga. Sólo me gritaba en finlandés, pues con los nervios perdió toda noción de español o inglés. Para que luego digan que sólo tenemos carácter los latinos.