A priori parecía que las ausencias de Volkswagen y Mitsubishi iban a enfriar esta edición de la Baja y hacer perder parte del interés que medios y público tenían depositada en ella.
Un rápido cambio de calendario daba prioridad al desarrollo y puesta a punto del nuevo Mitsubishi con el que la marca japonesa piensa revalidar sus laureles del Dakar, dejando aparcada la participación del equipo que pensaba llevar a Nani Roma como estrella. Por otro lado, los de Volkswagen sólo presentaban, y de manera semioficial, una unidad (ex Jutta Kleinschmidt) en manos de Carlos Sousa, como primera toma de contacto del portugués con este coche antes del Dakar. Carlos Sainz pensaba participar, pero su lesión en un dedo durante el Rallye de Marruecos le impidió estar presente en unos tests de Volkswagen en Túnez y un médico de la marca dictaminaba la imposibilidad de acudir también a la cita aragonesa.
Así pues, nos disponíamos a ver una lucha entre David y Goliat: entre Sousa, ganador de la Baja hace dos años, con su bien pertrechado Touareg 2, y el diabólico Blázquez con la veterana "gordita" (nombre con la que cariñosamente los mecánicos de Nissan llaman a la Navara Pick-up T1) para revalidar el título mundial de Bajas e incrementar su ventaja.
Un rápido acuerdo con X-Raid hacía que Monterde entrase también en los cálculos, al participar con la última evolución del X5, también con vistas al Dakar, mientras que el resto de la inscripción era para los integrantes del Campeonato de España, cuya baza, a falta de mecánicas potentes, es la de la fiabilidad, varios portugueses de alto nivel a los que siempre hay que respetar y un apartado de pilotos foráneos, tradicionales en esta cita.
Recorrido de Mundial
La preinspección para pertenecer a la Copa del Mundo de Raids le daba aún unos tintes más épicos y la carrera se iba a desarrollar en cuatro etapas bien definidas. La primera de ellas en el Circuito del Jarama, donde además de celebrarse las verificaciones tenía lugar una Súperespecial que definiría el orden de salida de la etapa siguiente, compuesta por un largo enlace por carretera hasta llegar a la provincia de Soria para celebrar dos sectores selectivos de algo más de cien kilómetros cada uno, con parada en la capital castellanoleonesa y llegada a Zaragoza bien entrada la tarde. Pero todo esto no iba a ser nada comparado con la etapa del sábado. Un bucle de más de doscientos kilómetros a recorrer dos veces iba a suponer una auténtica reválida para todos, donde el abrasador y polvoriento suelo existente entre Belchite y Alcañiz se iba a encargar de diezmar las fuerzas de todos los que lograsen alcanzar la meta de esa jornada, algunos hasta la extenuación, aunque aún debían guardarse fuerzas para la mañana del domingo, con más de cien kilómetros a realizar por esa misma zona hasta completar los casi novecientos de carrera.
Blázquez, con furia
Tal y como vimos a Marc Blázquez y a Lucas Cruz negociar la prólogo y los dos primeros tramos del día siguiente, todos pensábamos que la Baja podía tener dueño español, sobre todo cuando Sousa se marcaba un trompo en el Jarama y al día siguiente salía más retrasado de lo que el portugués deseaba, por lo que se tragaba alguna nube de polvo y pinchaba en la primera especial camino de Soria. Por si fuera poco, en una actuación nada estelar (más adelante veremos por qué) de su copiloto Andrea Schulz, penalizaba tres minutos al salir del reagrupamiento por confundir en su carné de ruta un 9 por un 4.
Joao Ramos salía del Jarama en segundo lugar, pero a poco de comenzar volcaba su RAV4 aparatosamente teniendo que abandonar, al igual que el tercero, Felipe Campos, cuyo Mégane Proto sufría un conato de incendio.
Por si fuera poco Monterde, que también tuvo algunos errores en la prólogo, tragaba polvo y no lograba subir a las posiciones de cabeza, por lo que tras Blázquez era un "desconocido" eslovaco llamado Jazel Sykora el que se había colocado segundo con un Montero de lo más efectivo.
Ya era momento de mirar cómo iban los españoles, apartado en el que también había sorpresas, pues Anglada, que participaba con el veterano Suzuki Proto de Manolo Plaza, estaba en la novena plaza, justo por delante del "Mitsu" del joven Termens, mientras que Herrador había colocado su Bowler en la decimocuarta plaza, libre de la presión del de Giménez, que acababa de abandonar con el embrague roto, mientras que Reyes y González se colocaban ambos también entre las plazas de cabeza de la Evo Cup.
Camina o revienta
Pero llegaba el día más largo, que además iba a coincidir con un récord histórico de temperatura en la zona. Mientras el termómetro jugaba con los cuarenta y cinco grados, la mecánica de "La Gordita" de Blázquez comenzaba a desfallecer, primero la inyección se quedaba abierta a tope y el motor acelerado a fondo, por lo que Marc debía regular su conducción a base de freno y embrague, elemento que cedía kilómetros más adelante. Para entonces Sousa, segundo pero con pocas esperanzas de victoria, heredaba la primera plaza, pero de nuevo Schulz (en un rallye "sembrao") olvidaba sellar su carné de ruta en uno de los controles de paso y ambos no tenían mejor solución que la de regresar varios kilómetros al control a campo traviesa hasta donde se podía, y de ahí apearse y correr a pie hasta el C.P. para buscar el sello. El resultado fue la pérdida de más de 20 minutos y toda esperanza de ganar un rallye que situaba a Sykora, que se desmayaba al bajar del coche al acabar la etapa, sin otra cosa mejor que hacer que la de dosificar su ventaja si quería llevarse una Baja que no soñó nunca obtener.
En esta infernal jornada cayeron casi la mitad de los participantes y alimentó las remontadas de muchos de los nuestros, que habiendo logrado terminarla se encontraban en posiciones muy adelantadas. Los Montero de Termens, octavo, y de Andreu González, noveno, eran los primeros españoles de T2 (equiparable al Gr.N en rallyes), y los Nissan de la Challenge española de Esperto, Martins o Meura también estaban en posiciones destacadas.
Sin respiro
Con las mecánicas agotadas y más de cien kilómetros por delante, la última jornada era una especie de "Virgencita que me quede como estoy" para todos los supervivientes; aun así algunos más cayeron en el intento, pero Sykora se alzaba con una tan merecida como sorprendente victoria, seguido de un Sousa decepcionado por un rallye que le había sido esquivo, pero contento por el funcionamiento, tanto de su Touareg como del equipo desplazado a España como punto de partida para el Dakar. Pierpaolo Larini era finalmente tercero, y eso que, al final de la etapa anterior, había roto la leva de la caja X-Track de su Montero y se había hecho más de doscientos kilómetros sólo en tercera.
La victoria entre los españoles de Termens y Vilalta llena de emoción un Campeonato de España que parecía anodino, con una superioridad total del Nissan de Blázquez y que ahora sólo separa a los dos aspirantes por seis puntos y del que sólo quedan dos asaltos: la cita internacional de la Baja Portalegre, a mediados de octubre, donde Blázquez estará obligado a defender su título de campeón FIA de Bajas a una sola carta, y algunas semanas después la tradicional "Montes de Cuenca", que pondrá broche final al certamen nacional.