El poleso “Berti” Hevia nos recibe, como Dios manda, en la concurrida Plaza de Les Campes, en su Pola de Siero natal. Ambiente distendido en una jornada soleada, aunque en esta ocasión no vamos a disfrutar de la magnífica sidra que allí se sirve y, desgraciadamente, tampoco podremos echarnos unas risas con los amigos. A cambio, que no es poco, hoy estamos para otra cosa, que sin duda no es menos interesante que cualquiera de las anteriores.
La razón por la que hemos elegido el tramo de Muncó para hacer esta prueba es muy sencilla. Si de automovilismo hablamos, el trazado de esta carretera que une Pola de Siero con Gijón lo tiene todo. Curvas rápidas, alguna recta magnífica, giros más cerrados, apoyos buenos… Si hablamos del autobús de la empresa Licasa que une ambas localidades, seguramente el trayecto es algo aburridillo, pero si lo hacemos con Alberto Hevia al volante, se descubre un mundo de sensaciones que es simplemente magnífico para saber con meridiana claridad hasta dónde es capaz de llegar un coche. En este caso, un Polo GTI.
Nada más llegar a Les Campes, que por otro lado es donde nace la carretera de Muncó, Alberto Hevia ya se sorprende por el aspecto del coche. “Seguro que corre más que el mío”, señala con una sonrisa pícara el campeón de España de Asfalto en 2004. Se refiere, indudablemente, al Polo Súper 2000 con el que este año disputa el Nacional. Un modelo que ha llamado la atención merced a la segunda plaza en Alicante y que, en todo caso, aún tiene por delante muchas posibilidades de desarrollo para luchar por la victoria en lo que resta de campeonato. Rápidamente, “Berti” se encaja a la perfección en el habitáculo y pronto señala lo a gusto que se puede ir. Todo está muy a mano, eso lo habíamos notado nosotros, pero si él nos lo confirma es que todo marcha bien.
Pronto comenzamos a exprimir el modelo en la carretera de Muncó. “Empuja desde muy abajo”, nos señala Hevia. “Es agradable”. El motor del Polo es muy elástico y encaja a la perfección con las pretensiones del coche. Resulta evidente que hay otras muchas cosas que vienen a completar las prestaciones del Polo, por ejemplo, los frenos. “Frena bien”, comenta. Hemos afrontado con decisión alguna de las curvas cerradas del trazado y, efectivamente, la sensación ha sido buena.
De lujo
Y es que rodar con Hevia en un sitio como Muncó, sencillamente no tiene precio, porque él sabe exactamente dónde están los puntos idóneos de frenada, donde se puede arañar un centímetro al asfalto y, sobre todo, cuáles son las curvas rápidas en las que el coche, sencillamente, va a ser capaz de responder a sus órdenes de forma tajante. A eso contribuye, lógicamente, su instinto natural de conductor. En el tiempo que llevamos de prueba ha sido capaz de darnos una lección magistral de cómo tomar el volante, cuánto giro hay que darle en cada curva y, sobre todo, cómo influye en el giro el gas que demos con el volante. El Polo se muestra dócil; “Berti”, lógicamente, ayuda. Como decimos, resulta sorprendente sentarse detrás de él y ver cómo manipula a la perfección el volante, dándole un “achuchón” cuando quiere ayudar al coche a entrar en una curva o simplemente dejándolo llevar cuando la situación lo requiere, por ejemplo en las curvas más rápidas, ésas que se pasan con el gas a fondo. Es un maestro en estas lides. Notamos que “Berti” quiere comentar algo. “Va muy plano, la suspensión es realmente buena”, indica con acierto. La impresión es ésa. El coche no hace cosas raras, responde a las órdenes siempre y se puede mantener un ritmo alto prácticamente en cualquier carretera.
La imagen
Damos un par de pasadas más, en las que “Berti” sigue demostrando una rápida adaptación a un coche en el que, en realidad, acaba de estrenarse. Pero cualquiera diría que lleva toda la vida conduciendo uno. “Quizá se suba un poquito de consumo”, nos dice. Está claro que un gasolina de estas características es de por sí gastón. Pero claro, el ritmo que ha impuesto “Berti” en la empinada carretera de Muncó también ayuda. En cualquier caso, la media combinada no pasa de 8 litros. Claro que Hevia no trabaja en el laboratorio que se encarga de estas mediciones.
Al bajarnos del coche, Hevia hace un reconocimiento visual para comprobar que está todo en orden. “Me gusta el coche, es muy bonito, tiene una imagen muy exclusiva y está realmente bien”. Y es que las siglas GTI no son ninguna broma para una marca como Volkswagen. Cuidar los detalles, como la parrilla delantera con el ribete rojo y el nido de abeja con el GTI incrustado, las llantas de aspecto tan magnífi co o el increíble acabado interior con esos bordados en rojo es sencillamente un signo de buen gusto por parte de la marca de Wolfsburgo. “Es fácil de llevar”, comenta Hevia. “Cualquiera puede ir rápido con él sin llevarse ningún susto. Eso sí, quizá se eche de menos una sexta marcha para poder aprovechar el motor al máximo, sobre todo en recorridos largos, en los que contribuiría a bajar un poquito el consumo”. A Hevia le ha gustado, y a nosotros aún más. Ahora sólo falta que os acerquéis a las cunetas para ver pasar a su excelente Súper 2000. Es un poco distinto, pero en esencia son dos Volkswagen.