Automóviles
05/12/2007
Elías DOMINGO / Fotos: Elías DOMINGO
Volkswagen California Beach
Os presentamos un nuevo miembro de la familia de vehículos que han pasado por esta sección. Totalmente alejada de cualquier planteamiento deportivo, Volkswagen nos ofrece una opción más que válida para acercarnos a cualquier rallye. Un compañero fiel que nos ahorrará buscar hotel.
Cierto es que solemos traer a esta sección los modelos más impactantes del mercado, pero esta vez haremos una excepción. Y es que, en alguna ocasión, quien más quien menos, todos hemos tenido la necesidad de reservar hotel para acercarnos a un rallye. Y como éstos suelen ser en lugares en los que la infraestructura no está muy desarrollada, seguro que más de uno ha tenido que ir a dormir lejos del “meollo” de la prueba.
Pues bien. Aquí está una práctica solución. Y es que la firma de Wolfsburgo ha puesto en el mercado una versión más económica de su California, que ha denominado Beach, con un precio más competitivo y los mismos argumentos que el modelo convencional. Eso sí, no esperéis demostrar vuestras dotes culinarias, puesto que la Beach no lleva cocina ni nevera. Es, para entendernos, algo más parecido a la tradicional “furgo” de Volkswagen, pero actualizada y con motores de última generación.
Vallejo, escudero de lujo
Como la prueba no es como siempre, nuestro compañero tampoco es el habitual. ¿Y quién mejor que un copiloto para descubrir las bondades de un vehículo específicamente diseñado para toda la logística de una prueba? Desde Lugo, tomamos dirección Portomarín para descubrir cómo se comporta la California Beach sobre todo tipo de terrenos. Primero, la probamos sobre el asfalto de tramos tan míticos como los del San Froilán, para después sumergirnos en la parte seca del embalse de Belesar. Así, podemos decir, con la conciencia tranquila, que la “furgo” sirve lo mismo para ir a ver un rallye de asfalto que uno de tierra.
Como decíamos, Diego Vallejo se sube en la Beach y descubre un mundo nuevo. “La posición de conducción es muy cómoda –nos dice el de Meira–, y el motor sube bien de vueltas, es cómodo de utilizar”. Y no le falta razón. Para la ocasión, optamos por el modelo con motor 2.5 de 130 CV, el escalón intermedio de la gama. Por debajo, aún tenemos un modelo más económico con motor 1.9 de 102 caballos. Y si necesitamos algo más de brío, el 2.5 de 174 caballos ya es una verdadera bomba. Así las cosas, los 130 CV de nuestra Beach son más que suficientes para mover con mucha soltura una “furgo” que tiene también en el consumo uno de sus puntos fuertes: una media de 6,8 litros para recorridos por carretera, con lo que no será problema repartirse los gastos con los amigos.
¿Qué hay del espacio?
Hasta ahora, hemos hablado de las indudables cualidades dinámicas de la California Beach, pero llega el momento de comentar el aspecto por el que destaca por encima de los demás: su tremenda capacidad. Está homologada para cuatro personas, dos van delante y otras dos en los asientos traseros, situados algo así como a la mitad de sus casi 5 metros de largo. Estos asientos se pueden desplazar de forma longitudinal, para conseguir más espacio en el maletero o más espacio para los ocupantes. En cualquier caso, el maletero es muy bueno cuando viajamos, puesto que nos cabe todo el equipaje que podemos llevar a cualquier rallye, incluyendo mantas para dormir, abrigos (si nos decantamos por Suecia o Noruega) y también víveres para sobrevivir en cualquier cuneta el tiempo que haga falta.
Después, lo de dormir ya es más complicado. Los asientos traseros se abaten hasta conseguir una superficie plana que, uniéndola a una estructura situada en el maletero, nos da como resultado que de las puertas delanteras hacia atrás “todo es cama”. Eso sí, meteros cuatro amigotes allí puede significar el fin de la amistad, porque el espacio disponible no es para tirar cohetes. Quizá sea más apropiado para una pareja y un par de niños, aunque no seremos nosotros quienes os organicemos la vida.
En cualquier caso, todo está listo para viajar. Depósito de 80 litros listo para hacer más de 750 kilómetros, sitio para cuatro pasajeros y por la noche… ¡Dios dirá! Quizá ni siquiera haya que dormir.