martes, 02 de diciembre de 2008 Buscar

Automóviles

Las irregularidades técnicas

10/05/2007

Luis Isasi

Las irregularidades técnicas

Después de rallyes como el de Portugal, con la penalización a los Ford, o con la descalificación de Madeira, muchos os estaréis haciendo preguntas como: ¿merece la pena jugársela?, ¿todas las irregularidades suponen mejora en la competitividad?, ¿de qué depende que “te pillen” o no?... Desde luego, es cierto que, para ganar, es necesario explotar al máximo las posibilidades que proporcionan los reglamentos, pero… ¿hasta qué punto merece la pena arriesgarse?

Las carreras de coches en general, y los rallyes en particular, no son más que otra parcela más de la vida, la sociedad, el entorno o como se quiera denominar. Como tal, intentar regular de manera justa y equitativa, basándonos en unos determinados reglamentos, es tan difícil como intentar aplicar las leyes normales a la sociedad. A lo largo del artículo analizaremos algunos de los asuntos más importantes relacionados con este tema.

El principio
Lo primero que hay que tener en cuenta es que los reglamentos son imprescindibles para que las carreras tengan cierto rigor y se mantenga el espíritu de la competición en igualdad de condiciones. Otra cosa es que éstos siempre estén hechos con esta fi losofía o pensando en aquello que es bueno para los valores que fundamentan este deporte (elevado número de participantes, que gane el mejor y no el más rico, costes contenidos en lo posible, etc.).

Haciendo una analogía entre las carreras y la sociedad, los reglamentos son las leyes, y los comisarios deportivos son los jueces. Y todos sabemos que esto no es fácil.

Incluso antes de comenzar a aplicar los reglamentos, es importante que quienes los confeccionan realmente sean conscientes de lo que supone su aplicación, lo que al igual que en la justicia ordinaria, no siempre se cumple.

En cualquier caso, el problema no acaba una vez que los reglamentos, sean buenos o sean malos, están establecidos; más bien es en este momento cuando empieza.

¿Y después?
Una vez establecidas las normas, queda lo más complicado, aplicarlas. En contra de lo que muchos piensan, lo que verdaderamente hay que aplicar es el espíritu de la ley, y no la ley en sí. Ésta es la razón por la que los comisarios en carrera son fundamentales.

Los comisarios, por tanto, han de tener vocación de “servicio” a las carreras, y pese a que la mayoría lo tiene, los problemas surgen cuando esto no se tiene claro y se aplica la ley y no su espíritu, sin importar demasiado las consecuencias. Seguro que todos recordamos la exclusión de los Peugeot en Argentina el pasado 2002. ¿De verdad creéis que era una trampa tan grande tener 40 gra- mos menos en el volante motor? Eso suponiendo que la báscula estuviera correctamente calibrada, el proceso de medida fuese el bueno, etc. ¿O lo que se pretendía es que un equipo no arrasara, ganando virtualmente “todo” a falta de algunas carreras?

Las “trampas”
Las irregularidades técnicas, que a partir de ahora llamaremos “trampas” (entre otras cosas porque es más corto), no sólo existen, sino que particularmente creo que, cuando se detectan, se han de castigar y de manera seria. Ahora bien, creo que garantizar el cumplimiento de los reglamentos ha de ser un medio, tal como hemos visto antes, y no un fin en sí mismo, como desgraciadamente algunas veces ocurre.

El problema es que para poder decidir si algo es realmente importante o no para las prestaciones del coche o para el espíritu de la competición son necesarios ciertos conocimientos técnicos y experiencia, que no siempre se tienen. Y esto vale tanto para los comisarios como para los participantes, ya que más de la mitad de las irregularidades que detectan los comisarios no sólo no mejoran las prestaciones de los coches, sino que las empeoran (contrapesos de cigüeñal cortados al ras, aligeramientos que debilitaban tanto que se producían enormes deformaciones, utilización de gasolina no adecuada a la cartografía, etc.).

Por otra parte, y salvando las distancias, esto es como lo del narcotráfico: los grandes descubrimientos siempre suelen ser “chivatazos”.

“Los técnicos”
Quizá porque pasé muy buenos ratos y aprendí mucho mientras fui uno de ellos, a los comisarios técnicos les profeso una enorme admiración y, además, creo que tienen una de las labores más ingratas (y a la vez apasionantes) dentro de las carreras. Por una parte son los encargados de comprobar físicamente el cumplimiento de los reglamentos técnicos, y además son los que tratan directamente con los participantes. Eso sí, no tienen poder ejecutivo (que corresponde a los comisarios deportivos), lo que muchas veces les supone llevarse la bronca de los participantes sin haber sido los que han decidido nada.

Lo que en todo momento tiene que estar claro es que los equipos son profesionales, que conocen su coche a la perfección, y además sólo están “obligados” a conocer a fondo el suyo, mientras que el comisario técnico ha de verificarlos todos. Por tanto, sería bastante pretencioso creer que se está en disposición de conocer todos los secretos mejor guardados de todos los equipos.

En definitiva…
Si estáis pensando en poner algo que no sea del todo conforme al reglamento en vuestro coche de correr, yo os recomendaría que no lo hiciérais, ya que disfrutaréis y aprenderéis mucho más trabajando y poniendo a punto todos aquellos componentes con los que todavía no hayáis llegado al reglaje o a la puesta a punto ideal. Además, cuando ganéis, el triunfo os sabrá mucho mejor.

 

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