Ford es una de las pocas marcas dirigidas al gran público que aprovecha en su gama de vehículos todo el esfuerzo que hace en el deporte, para el Mundial de Rallyes. Son muchos años en las carreras, culminados estas dos últimas temporadas con la consecución de dos títulos consecutivos de Marcas, gracias sin duda al coche que es ahora referencia el en Mundial, el Ford Focus WRC. Lamentablemente, Gronholm no ha podido despedir su magnífica carrera deportiva con un nuevo título, como a muchos les hubiera gustado, pero eso no es demérito para que nos enorgullezcamos cada vez que nos vayamos a sentar en el Focus WRC S y veamos su firma plasmada en el bacquet.
Sin duda, el Focus Coupé es un bonito vehículo, pero si además le añadimos los aditamentos aerodinámicos del ST, un cuidado interior con bacquet específico de cuero y creamos una serie limitada, con el logo del WRC en la puerta, tendremos un coche que el propio Marcus Gronholm se volvía a mirar cuando lo vio en el Rallye de Catalunya. Allí tuvimos oportunidad de mostrárselo, su cara de interés y satisfacción al ver el provecho que Ford España sacaba del programa del Mundial le llenó de satisfacción.
Estética mundialista
La gama de Focus se ve ampliada precisamente en el ámbito que más nos gusta, el deportivo, tanto con este modelo que hoy probamos como con el Focus WRC ST, un ST de 225 cv gasolina, decorado también especialmente con los logos del Mundial y la firma de Marcus.
Para configurar el Focus WRC S, Ford ha aprovechado la versión Coupé 2.0 TDCi de 136 CV con el acabado Sport. A nivel externo hereda parte del kit aerodinámico del ST (paragolpes delantero y alerón trasero). El resto de los elementos (paragolpes trasero, faldones laterales y llantas de aleación) proceden de la versión Sport. Pero esta serie limitada se distingue fundamentalmente por estar realizada en color blanco, con el logotipo WRC acompañado de una bandera a cuadros de carreras y con su número de serie personalizado.
En su interior encontramos detalles exclusivos y unos buenos acabados en líneas generales. Todas las piezas y su ensamblaje transmiten solidez y buena realización. Encontramos varias inserciones plateadas en todo el habitáculo, concretamente en la consola central, volante, tiradores de las puertas, pomo, freno de mano y pedales. Destacan los asientos de cuero con bordados blancos a juego con los paneles de las puertas y, sobre todo, la firma de Marcus Gronholm, que sin duda sustituirá con mejores manos la pegatina de "Yo conduzco y ella guía".
Camino del tramo
Cuando llega la hora de la acción, cómodamente ajustados en los preciosos bacquets, tomamos camino del tramo. Al partir de la base de la versión Sport no hablamos de un GTi radical, sino más bien de un vehículo con más vocación de tramo de enlace que de reventar el crono, pero con el cual nos divertiremos de lo lindo cuando la carretera esté cerrada. Su suspensión no es tan rígida como el ST, lo que tiene su parte buena y su parte mala, pero desde luego que el tacto es racing, sobre todo al montar las tremendas llantas de 18" con unos 225/40, que trasmiten absolutamente todo lo que pasa en el suelo y con las que tenemos que andar con mucho ojo a la hora de cortar cuneta.
Su comportamiento es intachable, con ese tren trasero multibrazo que sigue siendo referencia en su categoría, y podemos hacer auténticas diabluras, pues es noble pero responde a nuestros requerimientos con rapidez, con lo que la diversión está asegurada.
En cuanto a su motor, si hemos elegido el TDCi, un petrolero, es porque hoy en día para tener el empuje y el par de un diésel hay que recurrir a muchos caballos y muchos litros de gasolina. Quizá no sea lo más racing, pero sí la opción más equilibrada, con una estética de competición y unos consumos muy comedidos, sin tener que renunciar a buenas prestaciones.
Economía y deportividad
Los 136 cv y sobre todo los 320 Nm de par a 2.000 vueltas nos darán emociones fuertes en carreteras viradas, sin llegar a superar los 8 litros de consumo cuando nos animemos, y nos permitirán mantener medias alegres en largos desplazamientos, consiguiendo que en consumo mixto no llegue a los 6 litros.
Su caja de cambios tiene un agradable tacto, un poco durita y con recorridos cortos que harán las delicias de los más animados, mientras que la sexta nos permitirá mantener buenas medias gracias a su buenos bajos.
En cuanto al equipo de frenos, tiene buena respuesta, y el excelente tarado del ABS permite una frenada efectiva con un leve bloqueo cuando decidimos alargar las frenadas al máximo.
Como comentamos anteriormente, el Focus WRC S no es un coche con planteamientos radicales, y eso se nota cuando percibimos un buen aislamiento de todos los elementos mecánicos. Todos los ruidos generados por el motor, neumáticos, bastidor y carrocería están muy bien aislados si tenemos en cuenta a la competencia.
En cuanto a su equipamiento de serie, destaca el control de estabilidad, el regulador de velocidad, el climatizador y las llantas de aleación de 18 pulgadas, procedentes de la versión Sport. Dentro de sus opciones, cabe destacar el sistema Bluetooth y el V2C, que permite controlar el climatizador, el equipo de música, la radio y el navegador mediante la voz.
Resumiendo, el Focus WRC S es un coche exclusivo, quizá un tanto cantoso con las pegatinas, pero que sin duda tiene su propio público y esa exclusividad no significa que sólo lo podamos usar los domingos, pues con su motor TDCi podremos sacarle partido a diario, siendo muy de agradecer que una marca como Ford ponga el ojo en su programa del Mundial para trasladarlo de alguna forma a sus modelos de calle.